Páginas vistas en total

sábado, 14 de marzo de 2015

Para los que no tienen nada

Esta entrada va dedicada a los pacientes que no tienen nada. Cada vez son más numerosos estos pacientes en mi consulta. Me estoy especializando en ser "nadólogo". Más de un lector se sentirá identificado con esta entrada porque habrá sufrido en sus carnes la dolencia de no tener nada. Vamos, hasta yo también he pasado por ese papel. Tan complejo es eso de no tener nada que me temo que va a requerir más de una entrada para no hacerlo muy pesado. Voy a intentar explicar qué es eso de no tener nada.

Me refiero a los pacientes que generalmente han visitado muchos médicos, a los que les han hecho muchas pruebas a causa de sus males y, curiosamente, todos los resultados de las pruebas han dado normales, con lo cual el médico o los médicos han concluido con eso de que "usted no tiene nada". Podríamos alargar un poco más la frase y decir: "usted no tiene nada... que se refleje como anormal en estas pruebas", "usted no tiene nada... a tenor de los resultados obtenidos", "usted no tiene nada... que mis conocimientos alcancen a descubrir", "usted no tiene nada... que sea de preocupación o precise tratamiento". Pero lo cierto es que sea cual sea la forma, corta o larga, de comunicar el mensaje final, el paciente no queda satisfecho. Y recoge sus pruebas para llevarlas a otro médico, el enésimo, para ver si tiene más luces que los anteriores.

El paciente se convierte así en un corremédicos, un coleccionista de resultados normales y poco a poco se va desesperando de su situación. Sabe que algo va mal en su cuerpo, lo cual además de la molestia conlleva una angustia creciente, y contempla cómo uno tras otros los médicos o terapeutas que le reciben se encogen de hombros y tratan con indiferencia reduciendo su problema a la índole psiquiátrica más chabacana: "es que le falta un tornillo". Por parte de los médicos, es frecuente hacer esa presunción sin analizar el caso desde cero porque "si le han visto tantos colegas y no le han encontrado nada... es que no tiene nada (que yo deba saber)".

Uno de los múltiples frutos de esta socorrida crisis es que los médicos hemos perdido motivación por los casos complejos. A ver. Qué te va a motivar un caso clínico que necesita un análisis de tres horas si te pagan ocho euros. Cuando a un conocido escritor español le entrevistaba una periodista y le decía si para inspirarse en el tema de su siguiente novela necesitaba irse al monte, a la playa, contemplar el cielo o algo así de espiritual, el escritor lo que le espetó fue: "Señorita, a mí lo que me inspira es que mi editor me anticipe doscientos mil euros por mi próxima novela". El interés es proporcional a lo que está en juego. Aparte de este apunte que advierte sobre las limitaciones de los médicos desde una perspectiva meramente crematística, hay otras limitaciones que quiero enumerar y resumir.

En primer lugar, por mucho que decepcione a algunos, la ciencia médica no tiene las respuestas a todo. No todo lo que les pasa a los pacientes tiene un diagnóstico conocido. A los estudiantes les digo que ante un paciente que no saben lo que tiene que sean humildes y no se inventen cosas. Si hace falta, tendrán que concluir como el del chiste: "Ya sabemos lo que le pasa, tiene usted la enfermedad de Morrison" "Y ¿eso es grave doctor?" "Pues no lo sé señor Morrison, no lo sé". Muchas veces hay que contentarse con un diagnóstico sindrómico, descriptivo, con haber descartado "algo grave" y con haber conseguido un tratamiento sintomático más o menos eficaz. No en vano, muchas afecciones médicas que tratamos sólo las controlamos farmacológicamente pero realmente desconocemos por qué se producen (hipertensión, hiperlipemia, migrañas, etc...)

En segundo lugar, el factor individual, por parte del médico. No todos los médicos tienen el mismo grado de preparación o de conocimientos. Por supuesto. Para eso existen los "especialistas" esos seres que, dentro de la medicina han limitado su campo de atención para centrarse sólo en algún aspecto más o menos concreto del ser humano. En la base del conocimiento médico, los médicos de Atención Primaria en los Centros de Salud y los Médicos Internistas en el ámbito hospitalario ofrecen una visión amplia y holística de la medicina. Luego, los diferentes especialistas trocean al ser humano para fijarse sólo en su riñón, en su ojo, en la piel, en el cerebro, en el comportamiento o en el hígado. Y como la dolencia salte de allí... "esto no es mío", se cansará de oír el paciente pluripatológico.

Pero además de la especialización está la superespecialización: porque dentro de una especialidad hay campos diferentes. Así dentro de la oftalmología los hay que hacen polo anterior, otros estrabismo, otros retina, otros glaucoma,... De manera que la especialidad se define como el saber más, más y más, de menos, menos y menos. Y claro, extremando esto, uno puede llegar a saberlo todo de nada. La prensa luego hablará del superespecialista en tal o cual disciplina que a la vista del lego pero desesperado paciente acude a su consulta esperanzado y se derrumba al ver que no sabe tomarle la tensión o que desprecia el electrocardiograma que le aporta porque...no sabe leer un electrocardiograma. Y es que acaso ya no sea su cometido, pero sin duda es el origen de un desencuentro.

En tercer lugar, los médicos no escuchamos. Esto tiene que ver algo con lo apuntado anteriormente sobre los emolumentos. Yo solucionaría el problema cobrando por minutos. Algo como de mercado. El paciente entra y se sienta, pones en marcha el crono y le invitas a que se explaye. Cuando deja de hablar das tu opinión y miras el tiempo transcurrido y facturas. ¿Que el paciente desea seguir pedaleando? Pues reanudas el crono y sigue que te sigue, si es por hablar que no quede. Pero oiga, ¡eso es una visión frívola de la relación médico paciente! Mire, yo tengo la opinión de que hay casos de pacientes que requieren horas de atención, pero otros basta con tres minutos para tenerlo todo más que visto para sentencia y todo lo que sea pasar de ahí es darle demasiado color a una cosa que no da para más.

En cuarto lugar está la subjetividad del médico que te atiende: todos pueden tener el mismo título de médico pero uno te atina y otro no. A veces he remitido a un paciente para valoración quirúrgica por hemorroides que he visto en una colonoscopia y el paciente vuelve indignado porque el cirujano le ha dicho que no tiene hemorroides. Le muestro las fotos, las misma que llevó al cirujano, de su ano en retroversión donde se ven unas hemorroides grado II y le digo: "Mire, hemorroides sí que hay, lo que mi colega quiso decir es que no hay hemorroides... dignas de intervención, que merezcan operación" lo cual es un criterio que acato y respeto porque evidentemente no toda la patología hemorroidal debe ser operada. Como hay disparidad de criterios con lo que hacer con una vesícula biliar que tiene piedras.

Y en quinto lugar, está la patología polimorfa y compleja. Esa es la más temida y la más desahuciada por parte de los médicos. Cuando un paciente empieza a referir síntomas y síntomas que en principio no guardan relación unos con otros y que no les ves sentido porque no recuerdas que se diesen en ningún síndrome de los que estudiaste en la carrera. Cuando empiezas a derivar al paciente a diferentes especialistas y cada uno de lo suyo dice "esto no es mío" o "todo es normal". Cuando al paciente le arrecia el malestar con una angustia porque ve que no dan con lo que tiene y eso empeora los síntomas, porque es seguro que tiene algo y muy grave, por más que las pruebas no lo reflejen. Cuando además sobre ese paciente se añaden situaciones ambientales estresantes que invitan a pensar que "todo es de eso...". Cuando al paciente los diferentes ensayos terapéuticos que le hacen, lejos de arreglarle le ponen peor. O cuando el paciente empieza a mezclar en sus males lo humano con lo divino... En estas circunstancias el paciente se convierte en la patata caliente que todos los médicos rehuyen, además de estar convencidos de que, habiéndole visto tantos y tantos médicos (en realidad a lo mejor todavía no le ha visto ninguno a fondo) no puede tener nada serio.

Asumir que otros han dicho que no tiene nada es asumir que uno ha explorado al paciente. Las valoraciones anteriores pueden haber sido correctas y las pruebas bien hechas. Pero hay que tener siempre presente que todas las pruebas tienen sesgos, falsos positivos y falsos negativos, pueden reflejarse como normal y no detectar algo que sí está presente. Cuando pregunto a un paciente si le han hecho analítica reciente y me dice que sí, que todo era normal, aunque no la aporta, me gusta saber qué era "todo", porque a veces me llevo la sorpresa de que se trataba de una glucemia y de un análisis de orina. 

Para quien no sabe dónde va no existe viento favorable, creo que decía Séneca. La orientación diagnóstica es importante. El médico que historia y explora a un paciente ha de ir forjándose en su cabeza los diferentes diagnósticos diferenciales, todas las cosas que cree que puede tener ese paciente, para a continuación elaborar una exhaustiva lista de pruebas complementarias que se harán de manera gradual y escalonada a fin de ir confirmando o descartando las sospechas. Cuanto más riguroso y académico sea este proceso más posibilidades tendremos de dar con la causa de las molestias del paciente, cosa que pese a este rigor, no está garantizada.

Ante los pacientes en los que su historia se vuelve confusa y trabada, muchas veces lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva, comenzar de cero, por más que la historia del paciente venga de antiguo. Pero eso requiere tiempo, un bien escaso y mal pagado.

26 comentarios:

  1. Muy divertido y profundo tu análisis. Tan educado y respetuoso para evitar llamarme por mi nombre: hipocondríaca!.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay una sutil diferencia. Al hipocondríaco no le duele nada pero teme tener algo http://elmedicotraslaverdad.blogspot.com.es/2013/03/soy-hipocondriaco.html. El que "no tiene nada" se queja porque algo le va mal en el cuerpo, le duele o molesta.

      Eliminar
  2. En una ocasión referí al médico hinchazón en el brazo izquierdo con dolor, una irritación en un ojo, y una parálisis en el cuello. Por supuesto fui alarmado al médico porque todas aquellas cosas a la vez podían ser calificadas como síndrome previo al infarto. Sí, síndrome de ir de Alicante a Madrid con el brazo apoyado en la ventanilla (con el porte ilustre con el que se conducía antes un elemental Seat 133).
    Fui al médico temiendo por mi vida pero él me llamó hipercondríaco! Me levanté indignado y le dije que mi muerte caería sobre su conciencia antes de salir de la consulta.
    Años después fue una meningitis, y luego el colon, como usted sabe. Afortunadamente sigo vivo pese a la medicina.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, es que de tanto que va el cántaro a la fuente... alguna vez será verdad que pasa algo. Y que la medicina lo sabe antes de la autopsia...

      Eliminar
  3. Decidir aceptar o no casos de "pacientes que no tienen nada" debe de ser tan polimorfo y complejo para el médico como la patología (sin nombre o sin nombre aún) que aqueja al paciente. Primero, ¿el pago económico que recibiré será proporcional al tiempo invertido? Segundo, aún recibiendo ese pago económico, que es lo justo,¿quién me asegura a mí que pueda resolverlo?
    Creo que los pacientes que llegan a estos médicos lo hacen porque tal vez compartan una característica en común: hacerse preguntas. Buscar la causa, seguir una lógica o quizás poner en práctica el pensamiento divergente. Llegar a la verdad, en definitiva, algo de eso hay en el nombre de este blog.
    Pero ¿vale la pena? Si esa verdad es la verdad no sólo de ese paciente (señalado seguramente como insoportable por la mayoría de los médicos) sino que ese paciente es la muestra de otros casos similares a los que se puede ayudar, el médico gana en otros ámbitos que no son los estrictamente económicos porque "descubre". Porque al menos intenta pensar que sus colegas pueden haber visto las sombras de la caverna de Platón (las analíticas normales), "cambia" la vida de un ser humano o tal vez de muchos. Yo no sé qué haría si fuera medico y me encontrara con un caso polimorfo y complejo. Probablemente le daría un abrazo y le diría yo no sé si usted no tiene nada o tiene algo. Y aunque el doctor no tomara el caso por cuestiones legítimas y razonables, ese abrazo o ese tiempo dedicado sería no sólo pagado sino también recordado y agradecido para toda la vida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En cierta ocasión una famosa actriz visitó, por aquello de la imagen social, un orfanato de esos donde abandonan a niños con deficiencias. Lo regentaban monjas y reparó en una bastante joven que tenía en sus brazos a una criatura más bien deforme y que babeaba y se agitaba mientras la joven monja le hacía caricias y carantoñas. La actriz se volvió hacia su manager y le dijo como en confidencia: "Uff, yo no haría eso ni por un millón de dólares". Y la monja, que quizá por ser joven tenía buen oído le contestó: "Por un millón de dólares...yo tampoco".

      Eliminar
    2. Que buena la anecdota de la monjita !!!!

      Eliminar
    3. Hay cosas que no se pagan porque no se pueden pagar ni con grandes fortunas.

      Eliminar
  4. Hola doctor, ya de chavalillo me la pasaba de doctor en doctor por lo que en aquella época se llamaba indigestiones, estaba hinchado y con gases todo el tiempo,con vómitos y más de una vez me retiraron antes del cole porque tenía diarrea. Así me pasé toda la vida y ahora que soy adulto sigo igual y los médicos me dicen que eso me pasa porque me falta un tornillo y que no tengo nada. Yo le quería preguntar ¿habré nacido con un tornillo de menos ya? ¿Habré aprendido a somatizar antes que a caminar? ¿O será otra cosa aunque no parezca nada?
    Un saludo, la criatura babeante que nadie quiere tocar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De siempre existe la tentación de echar la culpa a los demás de lo que no entendemos. Nuestro orgullo nos impide asumir que no tenemos respuesta a la pregunta y desacreditamos con desprecio al que la hace. "¿Cómo voy a ser yo el culpable de este desencuentro? La culpa la tiene usted que está mal hecho". Quizás a la vuelta de los años le digan a usted que es celíaco o que tiene un déficit selectivo de IgA o cualquier otra causa que está por descubrir, acaso fuese el tornillo que le falta. En ciencia no hay respuesta para todo, se está haciendo... Pero a veces es más frecuente encontrar ignorancia donde debía haber ciencia y, todavía más lamentable, encontrar incomprensión donde debería haber un trato afable y acogedor.

      Cuando a los alumnos les pido un listado de las causas de indigestión o de hinchazón, exprimen sus neuronas y elaboran listas extensas que contienen hasta las causas más insospechadas e inverosímiles. Tienen interés por evitar que se les pase alguna posibilidad, lo consideran un reto, un desafío. Y no porque les vaya en ello la nota. Hay un verdadero afán de exprimir el limón de las posibilidades. Por desgracia, los años de ejercicio profesional tienden a apagar ese celo y se reducen las posibilidades a sota, caballo y rey. Nadie se pone a buscar un tornillo fuera de las tres cajas.

      Eliminar
    2. Mucho ánimo, anónima criatura babeante que nadie quiere tocar (con todo respeto). Como te dice el doctor, quizás tienes algo que aún no han dado con ello, confía en sus ánimos y comprensión, y en que vas a encontrar un médico afable y acogedor como él y va a dar solución a tu dolencia. Y si eres creyente, un poco de fe en Dios seguro que te ayuda a sobrellevarlo. Saludos.

      Eliminar
  5. Es un tema muy interesante, doctor, y muy complejo a la vez. Toca todos los puntos de lo que puede estar pasando, desde una somatización por parte del paciente, hasta las limitaciones de la medicina, la desmotivación de los médicos por estar mal pagados o desgaste, que no escuchan como deberían, que quizás no hay una visión holística del asunto, la necesidad de diagnóstico diferencial... Mi experiencia es que nadie se queja de vicio, y que esos pacientes aparentemente "locuelos" son humanos, sufren, y hay que darles una solución. También aparte de las pruebas que tantísimo se llevan y sé que a veces son necesarias, echo de menos el ojo clínico que se gastaba antaño; parece que esa habilidad se ha perdido. Sé que además de buscar la verdad, busca la mejoría de sus pacientes, así que adelante, no se rinda. Don Ramón y Cajal nunca lo hacía, trabajaba y trabajaba hasta la extenuación, incluso en un período de su vida se dedicó gratuitamente a "sanar" dolencias a través de la hipnosis y otras técnicas que estuvo investigando, tenía la consulta a rebosar, aunque finalmente lo dejó porque quiso centrarse en su carrera. Lo que quiero decir es que se siga investigando, aún no está todo descubierto, arriba su honestidad y ganas de curar a ese paciente un poquito más complicado, y olé también por su sentido del humor en las respuestas :-)
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Ojalá tuviésemos respuestas para todo....

      Eliminar
  6. Después de más de 20 años, dejé de ejercer en la asistencia pública. Básicamente por desengaño profesional y, entre otros motivos, por instinto de supervivencia personal. Debía atender a mis pacientes en unos de 7 minutos (pensad bien, por favor, lo que significa) y mis superiores me exigían menos gasto y menos lista de espera. Si hubiera trabajado en una clínica privada para pacientes de pago directo, me hubieran dado más tiempo y puesto una medalla.
    Desde entonces, trabajo exclusivamente en la medicina privada (particulares y afiliados a un Seguro Médico). Lo que debería ser considerado como normal ejerciendo mi actividad, en mi caso puede considerarse como un auténtico lujo: 40min. (o más) para las primeras visitas y 20min. para las visitas sucesivas, indistintamente si se trata de un paciente privado o procedente de una Compañía Aseguradora de Salud.
    Estoy acostumbrado a escuchar al paciente. Tengo predisposición, vocación y tiempo. Aunque no debería, me olvido en ese momento de si el paciente o su Seguro de Salud me paga más o menos y me concentro en lo que más me gusta: ayudar al que me lo pide. Cuando la situación es como la que describe el Dr.Benito al abrir este tema, dejo de lado las hipótesis previas vertidas sobre el caso e inicio desde cero un análisis completo de lo que me expone el paciente. Acto seguido viene el interrogatorio médico, la exploración y pruebas complementarias y, finalmente, en lugar del diagnóstico y tratamiento esperado, hago una composición de lugar al paciente.
    Ante esa circunstancia de ausencia de conclusiones diagnósticas y propuestas terapéuticas, nunca rehuyo reconocer que ignoro la causa de la dolencia o preocupación médica del paciente. Al revés, insisto en que mi dedicación y conocimientos no han alcanzado un diagnóstico y, por tanto, no puedo ofrecer solución al problema planteado. Si ha lugar, me ofrezco como mediador para realizar las interconsultas con otros profesionales que sean necesarias, pero sin desvincularme nunca del problema del paciente (esto es importante para él).
    En el caso del hipocondríaco, mi actitud es más simple: mi actitud es hacerle reconocer que todo o parte de sus males no están fundados y que es él mismo quien se los imagina y teme. Muchos de ellos saben y reconocen de antemano que son hipocondríacos, aceptando de buen grado que le descartemos una enfermedad desconocida o grave. El “problema”, su problema, se resuelve con dedicación y tiempo, estudio, conclusión y razonamiento.
    Os aseguro que esta disponibilidad, paciencia y ganas de ayudar al otro, "cura" muchos pacientes. Por desgracia, en lugar de considerarme como un profesional más de la medicina, me siento "rara avis" y me cuesta digerir la existencia de esa extendida paradoja vocacional. Tengo la suerte de saber meterme en la piel del que me pide ayuda, aunque esto, por lo visto, sea ir contracorriente. Pero creí y creo firmemente en ello, motivo por el que arriesgué, en su momento, la seguridad personal, profesional y familiar, buscando esos medios que me permitieran ejercer con dignidad, cosa que, reconozco, no está al alcance de cualquiera.
    Pocha Woman dice : “…Mi experiencia es que nadie se queja de vicio, y que esos pacientes aparentemente "locuelos" son humanos, sufren, y hay que darles una solución.” Pocha Woman: Quiero entender que cuando dices lo de “hay que darles una solución” está mal expresado, o muy mal expresado, no?.

    - El paciente que transforma sus miedos en responsabilidad del médico, corre el riesgo de seguir siendo un paciente.
    - No es mejor médico el que más medicina sabe sino el que mejor la ejerce.
    - No hay ningún paciente que “no tenga nada”, inclusive el hipocondríaco.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  7. Gracias por el comentario "rara avis" ¡cuánto nos queda por aprender!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Dr. Jaume, me alegra saber que hay médicos comprometidos, valientes y empáticos como usted. Lo que quise decir, es que a ese tipo de pacientes no se les "abandone", no se les deje de lado (como usted afortunadamente no hace), parta de cero, busque, tenga su criterio, y que no se desvincule del problema, como comenta. Esto es muy importante para el paciente, sentir que siguen intentando buscar una mejoría para él. Hay mucho médico pasota por el mundo, y no me parece bien que al enfermo le digan "bye, bye" sin más.
      Saludos.

      Eliminar
  8. Felicitar al Dr De Benito y Dr Jaume por su buena práctica médica, y hacer prevalecer la calidad asistencial del enfermo, que no es una tarea sencilla, y no siempre se consigue, porque la misma tarea burocrática lo impide muchas veces. Muy necesario dedicar el tiempo necesario a cada paciente, sin embargo hay que recordar que el sistema sanitario público cuenta con sus tiempos muy limitados, para cada paciente. Aún así me consta que el médico, buen profesional, está siempre al lado del enfermo, pero por desgracia, no todo los médicos están dotados de la suficiente calidad humana y la paciencia para ayudar al enfermo.

    ResponderEliminar
  9. Muchas gracias por la parte que me toca. A menudo es muy difícil estar delante de un paciente de esos que "no tienen nada" salvo ganas de hablar y hablar, sin perder la paciencia. Por desgracia la solución profesional, tanto para el médico de ejercicio público como privado, es crematística y se recoge en el refrán castellano de que el tiempo es oro. Si por ver a un paciente al médico se le pagase a cinco euros por minuto (cincuenta euros una visita de diez minutos) el médico no tendría ninguna prisa por despachar al paciente, le escucharía con un grado de atención que roza el embeleso. Y si en lugar de cinco euros por minuto al médico le pagan diez, no te deja irte de la consulta.

    ResponderEliminar
  10. Gracias Dr. De Benito y Dr. Jaume a ustedes nadie les paga un solo euro por compartir sus conocimientos, experiencia y recomendaciones en este blog. Ya muchos quisieramos encontrar médicos que compasivamente nos escuchan. Los hay! Por fortuna. En mi caso en particular si me imaginé enfermo si me dio depresión y ansiedad por "imaginarne enfermo" como enfrentar esta situación a veces somática? Por favor alguna recomendaciòn. Saludos desde Los Angeles, California. Atte. Aldemar

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aldemar, yo le cuento un chiste en otra entrada anterior que usted ya ha visitado acerca de la felicidad....

      Eliminar
  11. Entonces es cuestión de dinero???
    Que triste.
    Creo que el título no es correcto.
    No es que el.paciente no tenga nada es que el medico si te sales de abc directamente pasa de ti.
    Te receta un ansiolítico y ahí te pudras.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por desgracia el interés de las personas está en función directa de lo que está en juego: cuanto más te juegas, más interés. Es triste pero no tanto. A veces se descubre gente a la que lo que le mueve no es el dinero. Es cuestión de saber mirar.

      Le he escrito con fecha 13 de julio de 2015 una entrada pensando en usted...
      http://elmedicotraslaverdad.blogspot.com.es/2015/07/la-obligacion-de-acertar.html

      Eliminar
  12. muy bien, pero los síntomas están ahí ácido todos los días entre otros sintomas, bien, le diré porque desconfío de los medios y de su capacidad, cuando yo era NIÑO tuve unos enormes ronchas que picaban mucho y me llevaron al hospital, me pusieron prednisona... y duró aquello varios días en remitir, NUNCA SUPIERON que fué lo que ocurrió unos dijeron que fué alergia, otros que fue.... mire yo he trabajado en sanidad y e visto morir a mucha gente por la incapacidad... de los médicos. nada sucede por gusto en el cuerpo humano, tiene que haber una razón

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Naturalmente, amigo, totalmente de acuerdo. Creer que los médicos, la medicina o la ciencia en general lo sabe todo (por más que exista o deba existir una causa) es ingenuo. La gente se muere siempre, con médicos capaces o incapaces. Ignorar tanto la limitación del saber humano como la ley de vida que es la muerte es una ingenuidad propia de los niños.

      Eliminar
  13. Hola, me paso exactamente lo que describe, es más, mi desesperación por el dolor, que ni caminar me dejaba, busque ayuda en una pagina web la cual la respuesta me trajo acá. Fueron casi 3 semanas de un dolor intenso que no pasaba más de pruebas de laboratorio normales y que por lo tanto yo "no tenía nada" pero debía estar atenta a ni temperatura por que el examen físico coincidía con una apendicitis (esto dicho por una doctora que hasta un termómetro me mandó a comprar), consulte varias veces y hasta de neurótica me trataron y no pasaban del acetaminofen o el sulindaco. No hace mucho volví a consultar esta vez me atendió un médico joven que si me prestó atención a lo que yo describía e hizo algo que los demás no, me envió a que me hicieran un ultrasonido, ¿el diagnóstico? Era un quiste, el cual fue motivo de cirugía. A mi en lo personal me causa repudio sentirme enferma y yo sabía que algo iba mal en mi cuerpo, lo malo es que, como dijo este joven, aun no comprenden que los síntomas no a todos les da igual.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces las cosas tardan en aparecer, en dar la cara. Muchas veces son evidentes, las ve todo médico. Pero otras no, van larvadas y desarrollándose poco a poco, y un buen día, un médico que hace el enésimo, ve algo que los demás no vieron. O porque no supieron mirar, o porque no lo sospecharon, o porque todavía no había dado la cara, o porque no se empleó la técnica correcta de exploración, o porque se empleó pero no se hizo dirigida,... En fin, hay muchos factores, como ves. A todos los médicos nos gusta ser ese enésimo que finalmente lo ve y arregla al paciente pero lo cierto es que muchas veces, por estadística, somos uno más de esa cadena de médicos que...no vieron nada.

      Capítulo aparte es...si el "hallazgo" es realmente la causa de los males, porque en ocasiones, a falta de encontrar otro "responsable" echamos la culpa de los males a cualquier piedra en la vesícula, quiste hepático o calcificación renal y sobre ese hallazgo centramos nuestras aplicaciones terapéuticas.

      La ecografía, no obstante, es una herramienta exploratoria que debe estar accesible a todos los médicos, e incluso todos deberíamos tener en nuestro despacho un ecógrafo y emplearlo con la misma frecuencia y soltura que el fonendoscopio.

      Eliminar