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lunes, 13 de julio de 2015

La obligación de acertar

La vanidad humana nos mueve frecuentemente en nuestro proceder. Nos gusta que todos hablen bien de nosotros, caer bien a todo el mundo. Esto, que podría ponerse como una máxima aceptada universalmente, admite matices. Por ejemplo, que hablen bien de tí los delincuentes o personas sin criterio, puede ser preocupante.

Pero en general, todos estamos abiertos a los elogios y nos molestan las críticas. A veces uno recibe cien felicitaciones por una actuación determinada pero le ronda más la cabeza aquello que uno comentó de que llevabas la corbata mal puesta. El ejercicio de la medicina es lugar de muchas satisfacciones y de algún que otro desencuentro. A los médicos nos gusta acertar con los pacientes, dar en el clavo en el diagnóstico de sus dolencias y disponer de un tratamiento eficaz que permita emanar de los labios del paciente aquello que con vanidad supina nos engorda "doctor, me ha salvado usted la vida".

Teniendo en cuenta que estas circunstancias ideales rara vez se dan; teniendo en cuenta que los médicos no salvamos la vida a nadie, a lo sumo contribuimos a prolongarla un poquito más; siendo conscientes de las limitaciones del saber humano y de la ciencia, tenemos muchos elementos para fomentar la humildad. Y, por si esto fuese suficiente, de vez en cuando nos cruzamos con algún paciente con el que no acertamos. Contratuerca a la humildad.

Recientemente se debatía en un colegio de Médicos sobre la "obligación de acertar". ¿Tiene obligación el médico de acertar siempre en el diagnóstico y tratamiento de sus pacientes? La frontera es muy frágil pues intuitivamente uno entiende que no es Dios, que ni lo sabe ni lo puede todo. ¿Qué está obligado a saber? ¿Qué no puede NO saber? El límite de esta exigencia pasa el umbral de lo ético y se adentra en lo jurídico "acojonando" (perdón por el término pero es el más gráfico) al médico. Porque entonces el médico empieza a temer que sus lagunas, su falta de pericia, pueda ser objeto de una demanda jurídica por mala praxis. Y esto está cada vez más metido en la relación médico-paciente. Tengo colegas que sólo admiten pacientes que a las claras sepa lo que tiene, que sea sencillo de tratar o de despachar con solvencia. Cuando el paciente presenta sintomatología compleja, enrevesada, se quitan al paciente de encima, no vaya a ser que tenga algo muy difícil en lo que yo no he pensado. Mejor que lo piense otro...

Jurídicamente hay una distinción clara en la praxis médica entre complicación y negligencia. La complicación surge como algo esperable aunque no deseable en el proceso de una exploración o tratamiento. No es algo doloso sino que está entre los posibles resultados que pueden presentarse. La negligencia es, por el contrario, una complicación culpable por no haber puesto los medios o conocimientos necesarios para impedir el desarrollo de la complicación o su mejor control. Lo que sucede es que las diferentes situaciones ofrecen un espectro continuo de situaciones, algunas de las cuales son claramente negligentes, otras no lo son son en absoluto y muchas están en el limbo entre una u otra opinión. Un ejemplo. La típica del chiste como negligencia difícilmente excusable: amputar a uno la pierna sana. Otra que no es una negligencia, dar un antibiótico para curar una infección grave, pongamos una meningitis, y resulta que el paciente desarrolla un shock anafiláctico por alergia (de la que no se tenía constancia) al antibótico. Y muchas entreveradas. ¿Debe un psiquiatra saber hacer maniobras de resucitación cardiopulmonar si cae un individuo colapsado a su lado en plena calle? ¿Puede un oftalmólogo no saber interpretar un electrocardiograma para saber si le opera o no de cataratas? ¿Es negligencia que un gastroenterólogo no te ausculte o, si lo hace, sea incapaz de escuchar que tienes un soplo? ¿Cuándo debe pedir un traumatólogo un análisis de orina? ¿Debe conocer un pediatra la clasificación de los antiarrítmicos o los efectos secundarios de la amiodarona? 

Ante la multitud de posibles variables y lo limitado de nuestro conocimiento, ante la proliferación del retorcimiento de las leyes en busca de culpables dolosos, los médicos tienden cada vez más a quitarse pacientes de encima con el consabido "esto no es mío". Cuando recibes a un paciente que ya ha sido visto por docenas de colegas tuyos, lo haces con una predisposición a pensar que es mejor quitárselo de encima, porque si otros no han podido...o es que no tiene solución o si la tiene no vas a ser tú más listo que tus predecesores. Y todavía peor con estos pacientes es acertar porque te dan la fama de que eres el médico que ve lo que otros no vieron y cada vez los casos que acuden son más y más complejos. Te llevan más tiempo y no te reportan más beneficios, ni sociales ni económicos. Y aumenta el riesgo de que se te pase alguna cosa rara. En conclusión, en la práctica médica es mejor ser tontito y del montón.

No es del todo cierto que no haya una retribución especial por atenderme casos complejos. La hay pero es de índole personal. Para entenderlo hay que ser como esos montañeros a los que la gente ve como esforzados deportistas que sufren para llegar a cumbres más altas...con lo agustito que se está en el sofá de casa. Llegar a cotas más altas para mejorar personalmente, como decía san Juan de la Cruz, más emplea su cuidado / quien se quiere aventajar / en lo que está por ganar / que en lo que tiene ganado. Eso no quita que a pesar de especializarte en subir altas cumbres te tropieces al salir de casa y la gente se ría de ti e incluso el alguacil te multe por levantar un adoquín.

A todos nos gusta acertar, y a veces no lo logramos. Cuanto más te metes en casos complejos, acecha más la posibilidad del error. Recibía un email hace unos días de una paciente ofendida pidiéndome que no la molestase más enviándole noticias de medicina que mis mensajes eran spam. La razón era que sus molestias abdominales por las que había ido a mi consulta eran al fin por una infección de orina y yo no había pensado en esa posibilidad lo cual consideraba que se trataba de "una falta deontológica gravísima". Efectivamente, entre las numerosas causas de dolor abdominal figuran las infecciones de orina. Hay que pensar en ellas. ¿Deben siempre excluirse las infecciones de orina ante un dolor abdominal? ¿Se pide siempre un análisis de orina ante un dolor abdominal? En fin, no creía que fuese tan seria la situación, pero no obstante remití consulta a la comisión de deontología y me corroboraron que efectivamente no se considera ni falta deontológica ni nada. Y la consideración final del colega de la comisión deontológica me quedó rondando por la cabeza: "es una suerte que se te vayan los pacientes que creen que esto es una falta deontológica "gravísima", porque enemigo que huye, puente de plata". Ella ya no recibirá aviso de esta entrada por expreso deseo suyo. Y yo pediré análisis de orina hasta al que venga a verme por juanetes. Al menos por una temporada y por si acaso.

69 comentarios:

  1. Pues según lo visto Doctor, es preferible seguir viendo pacientes "complejos" que pacientes "de pacotilla" como esta paciente a todas luces exagerada.

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    1. Bueno, hay gente que se ofende mucho... A veces no es cuestión de la gravedad de la patología sino de lo que se sufre por ella. Y en cualquier caso, encontrarse con un profesional que defrauda las expectativas. No es su culpa, es su carácter. Lo que denota mal carácter es que entienda esto como una falta deontológica gravísima, cuando ni siquiera es falta.

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    2. Yo doctor ,difiero en lo que dice respecto a los medicos que se quitan a uno de encima,si asi fuera no seria tan grave,sino que muchas veces en vez de reconocer humildemente que no saben de que se trata ta, saltan con la primera chorrada que les viene a cuento y si uno no es precavido y visita antes a otros cuantos médicos puede acabar uno con dolencias peores que las que llevaba.
      Yo en mi caso ,con mis problemas digestivos ,me han dicho de todo y cuando lo que me decian no me resultaba conviencente me ido a otro medico y me ha dicho algo totalmente diferenfe.Eso sí,siempre ha sabido intuir al médico dilegente que mostraba interes y que despues de los pertinenetes estudios no sacaba nada en claro o algo que no me convencia , del que o no hacía los deberes o por no saber bien de lo que se trataba y no quedar en evidencia ,decía lo primero que se le ocurría.
      Lo malo es que esto me ha pasado en otras dolencias de otro tipo y como la experiencia medica es muy amplia por todos los familialres y amigos que conocemos,tengo que decir que no es raro oir hablar de un medico que te dice que si no te operas te mueres y al dia siguiente un colega suyo que dice que si te operas la has pifiado.
      Obviamente de mis palabras se desprende algo de descontento,pero no voy a dejar de reconocer que hay muchos medicos que son excelentes profesionales,aunque tampoco me parece justo no señalar que hay otros prepotentes,con poca implicación y muy dados al diagnostico apresurado cuando se quedan en blanco.Tampoco no sería justo no reconer que la medicina es una profesión muy dificil,llena de interconexiones entre sus distintos campos,con mucha responsabilidad y de la que esperamos lo que no siempre es posible,esto es,tener salud cuando a veces obstinadamente se nos niega.
      Quisiera terminar doctor animandole a que siga con el mismo interes tratandonos a todos,que ya el mero hecho de que se sincere aqui con nosotros con sus reflexiondes,en este caso por que cree que se le pasó algo inadvertdio,muestra que es un médico comprometido y con mucho interes en ayudar a los demás.¡que siga con la misma ilusión!

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    3. Aunque este comentario se ha "colado" aquí en lugar de abajo (no sigue el orden cronológico) es de agradecer que alguien reconozca el terreno tan resbaladizo en que nos movemos. Hablar de errores o descuidos médicos no debe servir para generar recelos sino para poner de manifiesto que el error es humano y los médicos todavía somos humanos. La prepotencia siempre fue de mal gusto. Todavía estoy por oír públicamente a un político reconocer que "me he equivocado". Por eso es la crisis, porque si rectificar es de sabios y aquí nadie tiene nada que rectificar...andamos escasitos de sabios...

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  2. No, en serio. Lo que molesta es que en una relación médico-paciente donde entiendo que debe imperar la confianza, se exagere tanto el disgusto cuando no se ha perjudicado grandemente al paciente. No hay ninguna proporción, ninguna, entre dejar de ver una infección de orina y decir que el médico cometió una falta deontológica gravísima. El comentario "somos humanos" no parece referido a los médicos. Y en este clima de recelo, entiendo que mis colegas se pongan a salvo de pacientes querulantes. Y cuando los pacientes querulantes son los que te dicen que se van, ¡qué alivio!

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  3. De mi parte todo elogios, ya no es mi medico por circustancias de la vida. Amigo en la distancia toda la vida. Un abrazo.

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    1. Gracias, Juana, por tus palabras desde Ciutadella. No se pretende, sin embargo, hacer una manifestación de apoyo sino una reflexión hacia las capacidades de los médicos que cada uno tiene. Los hay con más luces, con más simpatía, con más humanidad,...unos más que que otros. Pero insisto que desde la perspectiva del paciente (y todos lo somos alguna vez) se trata de apoyar e incentivar esa tarea. Y que si alguno recela del proceder de su médico está claro que lo mejor es que se busque otro.
      Un abrazo muy grande para ti.

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  4. La profesión de médico me merece todo el respeto del mundo, con lo complicado que es el cuerpo humano, contando el aspecto físico y el psicológico conjuntamente. Además, las enfermedades no son algo exacto, la misma enfermedad puede tener manifestaciones diferentes según la persona que la sufra. También tiene que ser difícil acertar con la enfermedad, sobretodo, cuando hay unos síntomas claros, se hacen pruebas y no ve nada, porque puede tratarse de una somatización de algo psicológico. Por muchos conocimientos y experiencia que tenga el médico, muchas veces el acierto tiene que venir por descarte, es normal y no se tendría que cuestionar y hay que darle toda la confianza.

    También es verdad que no todos los médicos son iguales, no solo por los conocimientos y experiencia que puedan tener, sino por la actitud que tengan, ya sea ejerciendo la profesión solamente o como consecuencia del carácter personal, que aunque se pudiera separar, al final nos lleva a la misma consecuencia. Hay médicos que tienen ese "don" para acertar con la enfermedad o para acertarlo antes que otros, pero estos últimos suplen esa "deficiencia" con una actitud positiva hacia el paciente realizando más pruebas, buscando otras alternativas. Lo que no se puede hacer es tratar al paciente como un mero trámite cuando no lo es, no creo que la gente vaya a una consulta del médico por gusto.

    Por otro lado, es verdad que la medicina no es una ciencia exacta y puede haber errores, que en ciertos casos se pueden aceptar, pero la actitud de un médico, igual que la actitud de cualquier otro profesional, puede que no sea la adecuada y, si se puede probar el dolo o negligencia, tiene que denunciarse, no solo porque esto se haya puesto más o menos de moda, si no porque es un derecho que tenemos todos y también para evitar que se repita y evitar males mayores.

    El ejercicio de la profesión de médico la veo muy vocacional y me extraña mucho que haya médicos que intenten quitarse marrones y no intenten curar, aunque les venga de rebote, no sé, aunque sea como un reto, el médico siempre tendría que intentar curar al paciente, así logra su propia satisfacción y la del paciente, no hacen falta halagos, otra cosa es que se pueda conseguir o no la curación. Quizás peque algo de ingenuidad en este sentido, pero lo veo de esta manera.

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    1. Agradezco mucho su comentario por el apoyo a la profesión médica. Es cierto que esto no es una ciencia exacta y de ahí el título de este blog. Y su contenido. Pero voy a hacer un poco de abogado del diablo y arremeter contra la ingenuidad de la que confiesa pecar al final de su comentario.

      A veces lo que el paciente echa en falta no es el rigor metodológico, la proliferación de datos científicos que esgrime el médico para explicar al paciente su problema, en un alarde de erudición. "¡Qué tío! ¡Qué bien se ha explicado! No me he enterado de nada". Es más el trato humano que se percibe también como ese "me ha hecho caso" o "ha pasado de mí". Hay que saber combinar las dos cosa. Y estar de humor para ello. Lucir la sonrisa Profiden o ese de cara lelo de los carteles publicitarios de los bancos para captar primos que lleven sus ahorros, forma parte del marketing. Pero la empatía se puede lograr, sorpréndase, incluso con formas fingidamente bruscas. Yo muchas veces simulo ante mis pacientes tener un cabreo cósmico, porque he visto que a menudo les ayuda a objetivar mejor sus problemas: te los cuentan yendo al grano, sin adornos ("que hoy el médico no está para chistes", piensan). Pero es una manera de hacerles ver que, pese a estar "enfadado", la cosa no va con ellos y mi atención sobre su problema no va a desmerecer ni una coma. Es una actitud que adopto a veces.

      Pero no, he de decirle que no: no hay tanto de vocacional ya en la medicina como queda en el recuerdo de los pacientes. Quedan pocos románticos. Tampoco hay tanta vocación ni en la judicatura, ni en la enseñanza, ni en la religión, ni en los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, ni en la política...como debiera. La corrupción generalizada parece que no sólo justifica si no que hasta invita a que yo también sea corrupto. Corruptio optimi pessima. La falta de vocación va parejo a la falta de motivación y de sentido de la vida. Falta sentido de la responsabilidad, falta espíritu de servicio. La gente lo achaca a la reducción de nóminas... no sé, por lo menos los políticos se siguen subiendo el sueldo y no por ello aumenta su vocación de servicio. La remuneración económica es, sin duda, un estímulo, un aliciente, pero desde mi punto de vista ni es el único (en esto coincidirían muchos) ni es el principal (en esto no está de acuerdo casi nadie). Un día escribiré sobre lo que está en juego.

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  5. La confianza es uno de los elementos básicos en un proceso de curación. El paciente tiene que confiar en que el médico va a intentar curarlo y el médico tiene que confiar en que con sus conocimientos, experiencia y los medios de que disponga va a poder curar al paciente. Esta confianza no tendría que surgir de manera ficticia, si no como algo natural. Normalmente cuando el paciente entra en la consulta de un médico o en un hospital, se pone en sus manos totalmente, incluso contando cosas de su vida que no ha contado a nadie, y lo que espera es que el médico actúe dentro del margen de esa confianza que se ha depositado en él, tanto en el trato como en el aspecto más práctico de la actitud que toma al enfocar la enfermedad. El paciente, en un principio, está convencido de que el médico lo pude curar, pero también es consciente de que puede tratarse de algo que no se pueda curar. Si el paciente ve que el médico actúa de manera activa, por ejemplo, proponiendo pruebas o tratamientos nuevos, desaparece la sensación de desatención y se crean unas expectativas. Muchas veces, ya solo con esto la enfermedad se lleva mejor. A pesar de la preocupación por su enfermedad o de los posibles nervios del momento de estar hablando con el médico, el paciente se da cuenta de casi todo lo que hace y dice el médico. Puede entender más o menos lo que le dice, pero a la vez, casi sin quererlo, está analizando la actitud del médico, el cual muchas veces no se da cuenta, o si se da cuenta de que el paciente ha advertido su falta de entrega y de que le está dando largas y sigue con la misma actitud, su actitud es todavía más deleznable y debería dejar su puesto a otra persona que realmente quiera curar. Sería mejor que el médico fuera siempre sincero con el paciente y no manipularlo para quitárselo de encima, cuando el problema quizás sea suyo por falta de interés, por falta de conocimientos, o por falta de medios.

    Cuando la causa de la falta de interés por curar es de índole económica, no lo tengo muy claro. Siempre se ha puesto como paradigma de profesión bien pagada la de médico (coloquialmente se suele decir “cobras más que un médico”). Es verdad que se trabaja mucho y puede que en malas condiciones y que se ha invertido mucho tiempo en formarse, pero seguro que uno ya sabe de antemano done se mete cuando decide ejercer de médico. No sé si las comparaciones son válidas, pero hay profesiones muy duras, con mucha dedicación y se cobra mucho menos. Es evidente que los intereses en juego puede que no se puedan comparar, pero, al final, todas las profesiones son un trabajo. Con esto quiero decir que es lógico que todo el mundo luche por conseguir mejores condiciones económicas en su trabajo, pero por ejemplo, en este caso de la medicina, que no sirva de pretexto para un mal ejercicio de la profesión, se trata de la salud de las personas. No sé si en este caso sería viable, pero quizás se podría establecer el sueldo de los médicos haciendo una evaluación del desempeño de su trabajo, según los pacientes que se curen tanto se cobra, o establecer algún criterio de este tipo para ver si así los corruptos y acomodados se incentivan más.

    Después de todo lo dicho, habrá médicos buenos y malos, como en todas las profesiones, pero creo que solo los buenos tienen éxito en su trabajo y pueden hablar con voz alta de su trabajo realizado, y cuando me refiero a los buenos, no incluyo solo a los que siempre consiguen resultados buenos, sino también a los que se esfuerzan por conseguirlos. Se pueden cometer errores intentando buscar las mejores soluciones, pero otra cosa es cometerlos actuando con soberbia y prepotencia. Yo creo que haya más buenos médicos que malos, que sientan de verdad la satisfacción de ver como se cura un enfermo, o de conseguir prolongar la vida de una persona con determinada calidad de vida, ¡¡¡ es que puede haber una satisfacción mayor ¡¡¡.



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    1. Muchas gracias por su amplio comentario con el que coincido en gran medida. Sobre todo en lo referente a fundamentar la relación medico-paciente en la confianza pues, como digo con frecuencia, nadie pone algo tan apreciado como su vida en unas manos en las que no confía. Ojalá nuestros conocimientos y capacidad llegasen tan lejos como nuestros deseos. En ocasiones, sí se echa de menos que el paciente valore el esfuerzo que uno pone y no tanto el hecho de que se acierte o no..
      En lo que no estoy tan de acuerdo es en engordar el dicho de que cobras más que un médico. Es cierto que tal y como está la economía los sueldos médicos no son tan malos como otros. Pero si vemos el nivel de responsabilidad que se asume, realmente es un sueldo miserable. Cuando por atender a un paciente durante 15 minutos recibes 8 euros brutos que netos son 5, piensas que estas trabajando por 20 euros a la hora que, caramba, son 700-800 por semana. Pero si lo miras desde el punto de vista de que una intervención en quirófano en el que has tenido la vida del paciente en tus manos durante dos horas te ha remunerado 40 euros...se te antoja escaso para el sudor que te ha llevado. Y para el disgusto que puedes llevarte (humano y ecónomico) si encima la operación se complica.
      Ningún médico se apunta a un fracaso. Por eso es cada vez menor la motivación, porque asumir casos complejos en los que aumenta la posibilidad de tener complicaciones, no es atractivo, si no hay un incentivo.

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  6. Hola, la pregunta que te quiero hacer no tiene nada que ver con esta entrada, pero sí con la referente al color de las heces. Me ha ocurrido algo que para mí es muy extraño. Mis heces son blancas por dentro y por fuera tienen un aspecto normal. Algo así como un huesito de santo :) ¿Debo preocuparme? Muchas gracias

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    1. Es curioso, sí, aunque poco relevante desde el punto de vista patológico. Es algo que suele ir en relación con períodos más estresantes aunque no necesariamente. La compactación de las heces se hace en torno a un núcleo más gelatinoso y mucoso adquiriendo una doble tonalidad, no es un cuerpo fecal homogéneo. A veces se incrustan restos de alimentos no digeridos, vegetales por lo general. No tiene mayor transcendencia.

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  7. Muchas gracias Luis Miguel, eres muy amable.

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  11. Me cuesta creer que un médico esté pensando en el aspecto económico cuando tiene delante a un paciente. El argumento utilizado: “para lo que cobro, si solo me va a traer que disgustos, mejor que lo lleve otro”, no parece que sea adecuado.

    En primer lugar, no es justo para el paciente, que va viendo como empeora su enfermedad en el camino de ir de un médico a otro hasta que alguno se “apiade” de él , cuando quizás podría tratarse de algo que cogido a tiempo hubiera evitado mucho sufrimiento, se hubiera solucionado en menos tiempo y hubiera conllevado menos gastos para todos.

    En segundo lugar, no creo que sea muy conveniente desde el punto de vista del médico, sería como tirarse piedras contra su propio tejado. Si se trata de un médico privado con clínica privada, va a perder ese paciente y otros posibles pacientes y por lo tanto se obtendrán menos beneficios (este supuesto no creo que suceda muchas veces). Si es un médico contratado en el ámbito privado, tampoco le conviene porque supondría menos ingresos para la empresa y por lo tanto podría afectar a su sueldo o quedarse sin trabajo. En el supuesto de la sanidad pública, no parece que sea la mejor opción el evitar pacientes porque si un médico quiere ganar más, supongo que tendrá la posibilidad de optar a puestos mejor remunerados, para lo cual se tendrá en cuenta su trayectoria profesional y si no ha tenido casos complicados que verdaderamente justifiquen su valía, no podrá acceder a esos puestos.

    En resumen, el motivo que parece más justificado para que un médico no quiera un paciente, sería que el caso de que haya indicios que se salen de su especialidad y resulte aconsejable remitirlo a otro especialista.

    En cuanto a la responsabilidad del médico en la realización de su trabajo, tampoco se entiende muy bien que algunos la supediten a su nivel de ingresos por que puede ir en su contra. Casi todo el mundo que está trabajando quiere ganar más y trabajar menos, pero tiene que aguantarse, se pueden hacer reivindicaciones, pero no es conveniente dejar de trabajar, simplemente, porque la propia mecánica del trabajo no te lo permite, se amontona el trabajo y además puedes implicar a otros trabajadores con tus propios marrones y provocar que un trabajo en su conjunto no salga bien y esto puede llevar a que tus jefes o supervisores dejen de confiar en ti y relegarte a puestos peor pagados. Supongo que esto también puede darse en el campo del ejercicio de la profesión de un médico, por lo menos, en los supuestos en que no tienes tu propia clínica.




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  12. (Este comentario es continuación del que comienza por “me cuesta creer…”, y finaliza en, “…tu propia clínica”. Es demasiado largo para enviarlo de una vez y así, diciéndolo, el que quiera puede leerlo todo seguido como un solo comentario).


    Por otro lado, está la responsabilidad moral que conlleva una profesión como la de médico, que además de ser un servicio a las personas, al tratarse de la salud o de la vida de las personas, adquiere más relevancia. El médico se tiene que poner en la posición del paciente, independientemente del carácter de este, y claro, siempre partiendo de una relación de mutuo respeto. En este sentido el médico sí que puede verse obligado en su fuero interno a acertar, y aun sabiendo que su pronóstico o su actuación pueden ser erróneos, o los medios que existen puede que no sean suficientes para curar al enfermo, pone todo su empeño para que todo salga bien. Me puedo imaginar esa responsabilidad pero no llego a concebirla en toda su plenitud. ¿Qué responsabilidad moral puede asumir un médico en el caso de un paciente con una enfermedad muy grave y duradera, cuando cree que puede curarla pero la enfermedad toma un rumbo inesperado que el médico no había previsto y no puede hacer más y el paciente queda con secuelas o muere?. En el caso de una intervención quirúrgica, ¿Qué nivel de responsabilidad se siente previamente, durante y posteriormente a la intervención?, supongo que un médico ha pasado mucho tiempo preparándose para eso, pero no deja de ser una persona como cualquier otra. ¿Cómo se siente un médico cuando está en una operación y ve que las cosas no van bien?, ¿Y si el paciente muere en la intervención?. Supongo que las sensaciones serán diferentes según las circunstancias, dependiendo si se ha cometido un error o no. Visto desde fuera supongo que se acumularán los sentimientos (frustración, culpa, humildad, tristeza, cabreo, desilusión, soledad, aceptación de lo sucedido…), no sé como lo puede vivir un médico. Quizás pregunte demasiado por un tema en el que no haya una respuesta generalizada y cada médico lo pase de una manera determinada, pero seguro que hay algo en común. Solamente lo pregunto para que la gente lo conozca y se ponga en la situación del médico y si alguna vez nos toca un médico que nos pone una cara que no esperamos, quizás se deba a que ha pasado por una mal racha.

    Al final me ha salido un comentario algo largo, no sé si con demasiado peso para esta entrada del blog. Si es así, me lo dices, y si es muy “pesado” también. Bueno, a lo primero ya no hace falta que me digas nada, ya lo he comprobado. Para el próximo lo haré de otra manera.

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    1. Agradezco mucho sus extensos comentarios. Me identifico más con la segunda parte que con la primera. Respecto a ésta, haré un poco de abogado del diablo. No hay vocación profesional en términos generales. La que hay después de la carrera, el ejercicio profesional la aniquila y a duras penas pervive en el rescoldo de los nostálgicos.
      Créame usted, ni en el sistema privado y mucho menos en el público la remuneración del médico es proporcional al nivel de riesgo que asume. Y su reconocimiento tampoco, al menos en cuanto al staff. Sí es posible que tus pares te recozcan como ese que vale, que tiene arrojó y talento, que le echa huevos,...vamos, al que llevarían (y llevan) a sus familiares queridos, pero al mismo tiempo reconocen que eres un pringao laboral porque en el fondo te comes los marrones pero ni cobras más ni te ascienden. Paradigmáticamente, muchos puestos de jefatura en la sanidad están copados por profesionales más bien mediocres en lo profesional... aunque políticamente correctos. Y en la privada...impera lo del garbanzo contador que sale creo recordar en el "Informe pelícano", una intrigante película que le recomiendo.

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    2. Buenas tardes, Luis Miguel.
      Pienso que trabajar en equipo y de forma interdisciplinar, como creo se hace en la sanidad pública, contribuye a mejorar la eficiencia de un sistema de salud. No sé si está metodología se utiliza de forma normal y en la medida que debiera en la sanidad privada que, como es lógico, busca optimizar el beneficio.
      Tampoco sé si existen, ni en una sanidad ni en otra, escalones de profesionales por su capacidad, experiencia y eficiencia demostrada en el tratamiento y curación de la enfermedad. En todo caso creo que debieran existir cuando menos tres o cuatro escalones de este tipo de profesionales que solamente asistirían a casos problemáticos que no se han podido solucionar en escalones previos.
      Estos médicos óptimos deberían dedicar una parte importante de su tiempo a impartir Formación Inicial en la Universidad y, también, Formación Permanente con independencia de que tengan o no hecha la tesis del Doctorado. Así darían a conocer a los futuros médicos y a sus compañeros en ejercicio toda su rica experiencia profesional y responder a sus preguntas, a sus dudas…
      No creo que un salario muy superior al del resto de sus compañeros fuese el mejor mecanismo para ayudar a seguir creciendo profesionalmente a estos doctores. El reconocimiento social y una permanente y sistemática disposición de tiempo para seguir investigando y formándose; y poder asistir a encuentros con los mejores especialistas a nivel internacional serían, desde mi punto de vista, un estimulo mejor que un sueldo 20 ó 40 veces superior al que percibe un médico de familia, por ejemplo, recién ingresado. Ganar más no debiera ser el objetivo fundamental de un profesional, hacer su trabajo mejor, sí. Pero eso choca con un modelo de sociedad frontalmente diferente.
      En cuanto a la exigencia de responsabilidades en casos de evidente y responsable negligencia me parecería razonable pero no sólo a los médicos, sino a todos los profesionales. Y en primer lugar con la intervención del organismo del que depende el sanitario, el docente, el empleado de ferrocarril, el político…Y el propio organismo gestor debiera serlo en muchos casos también e incluso responsable principal. El problema es cómo se objetiva esta responsabilidad.
      Gracias, una vez más por tus entradas, Luis Miguel. ¡¡Cuánto ayudarían en la formación sanitaría y personal de nuestros ciudadanos experiencias generalizadas como ésta!!

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    3. Sin lugar a dudas, el trabajo en equipo, las sesiones clínicas, el cambio de impresiones puede servir para incrementar el nivel de la investigación, para optimizar los conocimientos por aquello de que cuatro ojos ven más que dos. Por desgracia no siempre son reconocidos los mejores como tales en los puestos más importantes. Si nos fijamos en las instituciones públicas, sea en Hospitales sea en la Universidad, ¿de verdad los más capaces y expertos están en los puestos de docencia o de responsabilidad? Ni hablar. Todo el mundo universitario español está transido de un nepotismo que ya ha sido harto denunciado en prestigiosas revistas internacionales: aquí no medra el más capaz sino el que más cadáveres deja bajo sus pies. Salvo excepciones, el acceso a titularidad o cátedra no es por mérito o capacidad sino porque es amiguete de tal. Muchos colegas de la sanidad pública nunca llegarán a ser profesores universitarios. Y muchos que lo consigan serán bastante mediocres. Cuando examinas el curriculum de un médico hay que ver qué ha hecho realmente él y qué le han "apuntado" otros como que ha hecho. ¿Sabes cuál es, a mi juicio, el verdadero índice de calidad? Que tus iguales, tus colegas (tus pares) acudan a ti cuando tienen un problema personal o con algún familiar, porque pudiendo ir al "cátedro" ¿por qué se van a fijar en un mindundi? Si los profesionales de la sanidad cuando tienen un problema y conocen el cotarro no acuden a determinados médicos por afamados profesores que sean.... por algo será.

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  16. Doctor simplemente solidarizarme con usted una vez mas con sus opiniones. Su experiencia me sirve para reflexionar acerca de mi profesion en el dia a dia. Que los errores se conviertan en aprendizajes. Muy acertada la cita de San Juan de La Cruz. No deje de enviarme los nuevos articulos, que me ayuden a ampliar mis conocimientos. Gracias por tu tenacidad, trabajo y sinceridad. Ana M.

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      Primero, lo hace libremente, porque le da la gana, no obligado.
      Segundo, sabe que es un comentario público, queda a la vista de todo el mundo.
      Tercero, puede hacerlo de manera personal o anónima, puede emplear su verdadero nombre o un seudónimo.
      Cuarto, si su comentario es constructivo o destructivo, eso es cosa del que hace el comentario, pues al fin y al cabo, "uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras"


      Dicho esto y referido a su petición en concreto digo que:
      Primero: yo no le obligué a publicar nada.
      Segundo: ignoro su correo y no me he metido en su correo.
      Tercero: puesto que se identifica como "anónimo" ¿debo intentar borrar todos los comentarios aparecidos como anónimos? ¿Cómo puedo saber que son suyos y no de otra persona que no desea que sean borrados?
      Cuarto: si hago un ejercicio de extrapolación y adivino los comentarios supuestamente suyos y que desea que borre, creo ver que en uno de ellos ya le advertí que el foro era público, a lo cual usted no puso objeción en fecha 26 de julio.
      Quinto: contrariamente. Lo que usted pueda pensar, no me paso el día en internet. Y no visitó este blog a todas horas ni veo los comentarios. Pero si es suyo el de las 6:43 en el que pide de manera educada que borre sus intervenciones (si averiguo cuáles son), contrasta con el de las 10:59 en el que de forma exigente y autoritaria me insta a que borre sus comentarios.

      En conclusión, es usted quien ha opinado lo que ha querido, yo no le he robado sus opiniones ni he fisgado en su correo. Yo no me paso el día en internet ni buscando parásitos a cada cual más exótico. Acabo de llegar a casa después de doce horas de trabajo. Voy a intentar borrar lo que intuyo que usted ha puesto. Y por favor, antes de hablar o escribir, se lo piensa usted varias veces. Vuelvo a reiterarle mis disculpas.

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  20. señora Anónimo: si Vd ha recibido el blog del Dr. Benito en su correo es PORQUE SOLICITÓ este servicio escribiendo su dirección de email en la parte superior derecha del blog donde pone "Sígeme por email". Si quiere suprimir la suscripción, encontrará el enlace al final del post que Vd. haya recibido por correo, sólo tiene que pinchar el texto marcado en color.
    "To stop receiving these emails, you may unsubscribe now"
    Saludos de otro Anónimo que no quiere ser borrado.

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    1. Bueno, esto yo no lo sabía, le agradezco la información a este anónimo. Pues ya saben ustedes, y si alguno recibe invitación pare leer este blog, se da a borrar o se comunica que desea ser baja en la lista de distribución. Yo de ordinario no tengo los emails de los lectores de este blog. Le deseo señora que encuentre usted tanta paz como deja.

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  21. En cuanto a la calidad de un médico, vendrá determinada tanto por el aspecto humano como el profesional. Los dos aspectos tendrán que estar en armonía y equilibrados. De poco le vale a un médico que tenga mucha empatía con los pacientes si después no es competente en su trabajo, y viceversa, puede ser muy competente pero si su personalidad es insoportable, mucha gente no acudirá a él o cambiará de médico. Supongo que no haría falta decirlo, pero la sinceridad del médico es fundamental, sincero con él mismo, de ser capaz de reconocer sus propias limitaciones, ya sean de carácter más personal, de conocimiento sobre la enfermedad o materiales, y también sincero con los pacientes a la hora de tener que decírselo al paciente, y si se da el caso, reconocer con humildad que no ha acertado con las decisiones que ha tomado. Como se ha dicho, “errar es de humanos y reconocer el error es de sabios”. Es verdad que un fallo cometido por un médico adquiere mucha transcendencia, pero me parece que un médico no debería ser cuestionado por un error, cuando puede que las causas del error se deban a un cúmulo de circunstancias y además seguro el médico ha estado haciendo todo lo posible para curar al enfermo. Para enjuiciar el trabajo del médico habría que tener en cuenta su trayectoria profesional. También es verdad que hay que ponerse en el lugar del enfermo, que por errores va viendo que va empeorando, y una de las cosas más tristes es ver a una persona enferma totalmente impotente, sufriendo e incluso perdiendo la ilusión por la vida. Por esto, el médico tiene que tener una actitud activa y luchar por la curación y no ver al paciente solo como un simple número de historial médico. La obligación de acertar hay que entenderla en el sentido de que el médico pone todos los medios para intentar acertar.

    Si la calidad de un médico se reduce a que otros del gremio acudan a él personalmente o sus familiares y amigos, da la sensación de que se queda algo restringido, casi corporativista e incluso elitista. Entiendo que esta manera de ver la calidad de un médico es para señalar un punto más, un añadido, un plus para reafirmar la calidad basada en el conjunto de “todos” los pacientes de un médico. Son todos los pacientes los que en realidad justifican la actividad de un médico. En realidad son los pacientes los que hacen al médico, por muchos conocimientos que tenga el médico, si no tuviera pacientes con los que demostrar esos conocimientos, estaría fuera de lugar. Son los pacientes los que van transmitiendo a otros pacientes o potenciales pacientes las virtudes que tiene o no un médico. Es verdad que en ciertos casos no es importante el número de pacientes curados, con unos pocos casos muy complicados resueltos con éxito es suficiente para que el médico se lleve la gloria, pero claro, en estos casos hay que tener en cuenta muchas más cosas, el nivel de especialización del médico es muy alto, la dedicación desmesurada, contar con un buen equipo humano y material.

    También supongo que un factor importante, determinante de la calidad de los médicos sea el nivel de investigación en el campo de la medicina, de las enfermedades y sus tratamientos. Sin una buena base fundamentada en la investigación parece que la actividad de los médicos se queda coartada y la mayoría de ellos intentan salvar esta deficiencia con esfuerzo y entrega. Los poderes públicos deberían tomar medidas para incentivar la investigación a nivel público y privado, bien a través de los presupuestos generales o a través de ayudas. Sin una buena investigación parece que los médicos están “dando palos de ciego” cuando se enfrentan con una enfermedad de difícil curación, tiene que resultar algo frustrante. No sé, creo que sería beneficioso para todos. A más investigación, mas tratamientos y medios y procesos de curación más breves.


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    1. Cierto, ciencia y humanismo en difícil eucrasia. Sobre todo, por estar transido de la omnipresente economía. Hay que quitarse los relojes delante del paciente... Es una manera más de que perciba que, aunque no llegues a conseguirlo, no escatimarás esfuerzos ni tu tiempo por intentar su curación. Porque la medicina, la ciencia, por más que investigue...no llega tan lejos como el deseo humano. La investigación ya nos la dan "mascada" es un producto elaborado para que la masa de galenos ejecutemos. No hay tanto donde esparcir el afán investigador salvo en el fuero individual de la observación y seguimiento clínico que nutre la experiencia personal. Porque sí, es ahí mismo donde el médico tiene su crisol, es el paciente que tienes delante quien te va a enseñar, quien te ofrece la posibilidad de que aprendas a hacer bien las cosas: no son problemas sino oportunidades. Son retos, desafíos en los que hay mucho en juego. Y lo de menos es el prestigio que uno adquiera. Que los demás te lo recozcan o no, es accesorio. El protagonista debe ser siempre el paciente y su salud. Y nuestro beneficio el aprender.
      Cuando decía que un elemento que denota calidad del quehacer médico es que tus colegas acudan a ti, no lo decía en plan corporativista ni elitista. Tú puedes comprar pan en muchos establecimientos y en la mayoría lo encuentras aceptable. Pero conoces un sitio donde hacen un pan "bueno, bueno,..." que es el que recomiendas cuando te preguntan por un sitio donde vendan buen pan. Igualmente, en ocasiones recomiendas, "si quieres un buen mecánico... O un buen abogado... acude a tal o cual". Hay muchos profesionales válidos. Pero todos conocemos dentro de cada campo algunos que recomendar, por alguna causa o motivo es especial. No sólo importa, como decíamos, la cuestión técnica o profesional. House es tan buen clínico como borde. Importa el enfoque clínico, el interés, el trato humano, la diligencia,...todo importa. Incluso entre dos que valen igual preferimos al que no es calvo o a la guapa. Porque la imagen también cuenta. Lo que es absurdo es supeditar la imagen a otros elementos cuando la vida está en juego.
      El paciente que acude a un médico por primera vez, puede estar apercibido de su afamada trayectoria profesional, pero si con él no acierta, la ha cagado al cien por cien. Ojalá un juez tuviese en cuenta la trayectoria profesional de un médico cuando estudia por qué tuvo aquel error cuando es bastante probable que se quedase dormido después de varias jornadas de guardia por necesidades del guión...

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  22. Las decisiones que toma un médico en relación a la curación de una enfermedad en cuanto a las pruebas a realizar y el tratamiento a aplicar se basan en el diagnóstico que hace, pero cuando hay dudas, ¿en que fundamenta su decisión?. ¿Se guía más por su experiencia profesional adquirida a lo largo de los años y echa mano de casos similares que ha tenido, o confía en que si sigue investigando puede llegar a una solución, o pide consejo a otros médicos?. En muchos casos puede que la enfermedad lleve un ritmo que no da lugar a mucha investigación, entonces ¿Qué criterios tiene el médico para tomar una decisión?. Supongo que muchas veces el ensayo-error y tirarse a la piscina será el criterio a seguir. Otras veces se verá obligado a seguir un protocolo con el que quizás no esté muy de acuerdo. ¿Qué decisión se toma cuando el paciente o su entorno decide que no quiere cierto tratamiento o no quiere realizar una prueba por razones religiosas o de otra índole, no suponiendo peligro para las demás personas?. ¿Puede darse el supuesto en que el médico tenga claro las pruebas a realizar y el tratamiento a seguir, que pueden curar al enfermo y las políticas del centro donde trabaja no se lo permita?, ¿cual es la decisión del médico?, ¿se lo dice al paciente?. ¿ si el Médico sabe cómo curar una enfermedad y no dispone de los medios, que decisión toma?

    En cuanto a los errores de un médico en la toma de decisiones, ¿el médico se plantea un margen de error, o no?. ¿Se puede establecer un margen de error, dependiendo de la enfermedad, comúnmente aceptable por todos, o asumido por la práctica médica, o ese margen se lo establece el propio médico en su fuero interno en función de la evolución de la enfermedad?, ¿se tienen en cuenta otros criterios como estadísticas?

    ¡¡¡ cuantas preguntas ¡¡¡, quizás poniendo un signo de interrogación al inicio del texto y otro al final hubiera valido igual. Haciendo un gran ejercicio de síntesis y de búsqueda de un denominador común, puede que haya una única respuesta para todas las preguntas.

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  23. Ojalá diera yo con ese denominador común que sugiere para sintetizar en una respuesta todas sus preguntas. Me estrujo el cerebro pero creo que no sería capaz. Pero voy a intentar hacerlo si no en uno, quizás en tres párrafos.

    La actuación médica siempre debe ajustarse a lo que en deontología llamamos lex artis ad hoc, un latinajo que vendría a significar que debemos hacer lo que está amparado por la ciencia. La ciencia es lo que se publica...por más que mucho de lo que se publica no es ciencia. De ahí nuestro empeño reflejado en otras entradas de fomentar la discriminación, esa palabra que tiene connotaciones negativas pero que tiene su raíz en el griego (ahora en el candelero) krinein, que es cribar, separar el grano de la paja. Hay publicaciones que tienen mucho valor pero el 90% son insulsas, vendidas o simples mentiras. No obstante y sin apartarnos de la cuestión, el quehacer del médico debe sostenerse en ese cuerpo científico sólido por todos (o la mayoría) aceptado, un cuerpo de conocimiento nada estático, muy dinámico, constantemente modelado por pequeñas aportaciones de investigaciones bien hechas. Pero qué duda cabe que el profesional médico incorpora a su quehacer lo que su experiencia le va enseñando. Así ha sido siempre aunque ahora con cautela porque, como diré en el siguiente párrafo aquello de "cada maestrillo tiene su librillo" puede salir caro.
    Efectivamente, ahora salirse del guión puede tener serias consecuencias. La deriva de la praxis médica hacia reclamaciones judiciales acogota al galeno que no desea salirse del sota-caballo-rey de su profesión. Lo que dicen las guías, lo que se ajusta a protocolo, no vaya a ser que tengamos un disgusto, un paciente que nos denuncia por no haber aplicado el protocolo...¡incluso aunque haya ido bien el procedimiento! Y tengo anécdotas tan recientes como sangrantes que no voy a relatar para no extenderme. Pero la España médica cada vez se acoge más al sentir de Unamuno y prefiere "que inventen ellos".
    Por tanto y como colofón de tercer párrafo diré que la toma de decisiones médicas se hacen con el conocimiento que uno tiene de médicina y con la experiencia que la vida profesional le ha dado. Los protocolos son orientativos, herramientas útiles de casos estándar, parapeto de mezquinos y salvavidas de los jueces en la elaboración de sentencias que "se ajusten a derecho" a falta de jurisprudencia. Un médico que ha tenido que pasar por el banquillo, salga absuelto o culpable, probablemente jamás volverá a ejercer pensando en el bien del paciente antes que en salvar sus espaldas. Es, sí, matar una vocación de servicio, si alguna vez la hubo.
    La ética profesional debe fomentar en el médico el conocimiento de lo que sabe y también de lo que ignora. En este mundo tan diversificado y a la vez global, lo importante no es saberlo todo sino tener el teléfono del que lo sabe.
    Muchas gracias por su comentario porque seguiré reflexionando sobre unas siete de las preguntas que hace.

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  24. Sin ánimo de resultar pretencioso, solamente en sentido figurado, si existieran dos botones, uno de encendido y otro de apagado, para intentar que la sanidad, “en general”, funcionase mejor que ahora, desde el punto de vista de un médico, que se supone que conoce bien el sistema de salud en todos sus ámbitos, tanto en lo material como en lo humano, se supone que habrá muchos aspectos que se encenderían y otros se apagarían para que fueran beneficiosos tanto para los profesionales como para los pacientes.

    A modo de ejemplo, en el aspecto material, yo pulsaría el botón de encendido de aumentar los medios económicos, ya sea en gastos de personal, en centros de salud, hospitales, material; en el aspecto inmaterial, pulsaría el del ejercicio de la profesión por vocación, que en el fondo es lo que le lleva a una persona a iniciar los estudios de medicina, en el que se incluye el querer curar bajo cualquier circunstancia, el asumir que es un servicio a las personas y el tener unas cualidades humanas determinadas y también tener un sentido de responsabilidad acorde con el trabajo que se realiza y, claro, poseer la cualificación adecuada.

    En cuanto a lo que apagaría, en lo material, en primer lugar, el cierre de centros médicos y la disminución del número de ambulancias en zonas alejadas de capitales de provincia, mucha gente tiene que utilizar su vehículo propio, en casos de urgencia y cuando el enfermo casi no puede moverse, para trasladarlo hasta un centro de salud, después de haber llamado a la ambulancia y recibir como contestación que no es posible enviarla, o está tan lejos que llega muy tarde. En cuanto a los hospitales, se tendrían que evitar la aglomeración de enfermos por habitación cuando en muchos casos el hospital tiene cerrado zonas para evitar gastos. También la escasez de personal para atender a los enfermos, que en muchas ocasiones son los acompañantes del enfermo los que cuidan de él en lo que no tiene que ver con el tratamiento, y luego van y te cobran por usar el sillón para descansar o por ver la televisión. A veces sale del hospital el paciente y tiene que entrar el que estuvo de acompañante. En relación a lo inmaterial, apagaría las políticas sanitarias de turno que están afectando muy negativamente a los médicos y a los pacientes, cada vez más restrictivas y contrarias a lo que corresponde a un servicio público. Concretando un poco más, también apagaría la forma de gestionar los hospitales y centros de salud públicos, que cada vez se parece más a la explotación de una empresa privada, no solo en el sentido de no tener pérdidas si no también en un afán de sacar beneficios. También, relacionado con la gestión apagaría el tiempo de duración en una lista de espera para una consulta, una prueba, o una intervención, ya que algunos pacientes no llegan a ella o cuando llegan es demasiado tarde.
    Bueno, no sé si este comentario tiene mucho que ver con esta entrada del blog, pero creo que entre encendidos y apagados podría ayudar al médico a acertar mejor a la hora de tomar sus decisiones. Supongo que un médico podrá aportar muchos más encendidos y apagados, lo cual podría ayudar a los profanos en el campo de la medicina en general a entender ciertas cosas.

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    1. Muchas gracias por su comentario. Es extenso pero la cuestión que aborda en realidad podría dar para escribir enciclopedias. Además admite numerosos matices dependiendo quién haga la reflexión sobre los recursos sanitarios, pues en enfoque es diferente si lo plantea un paciente, un médico, un político o un constructor de hospitales. E incluso sería interesante conocer la opinión del mero contribuyente que se siente y sabe sano. Yo voy a reflexionar un poco sobre "lo que debería ser y no ser" al albur de lo que usted nos cuenta.

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  25. Con todo el respeto a la profesión de médico por lo complicada y dura que es, al leer esta entrada del blog, parece plausible sustituir el título por otro que resulta un poco menos agradable de usar y que subyace de todo el texto, aunque expresamente solo hay dos o tres palabras. El título en vez de “la obligación de acertar”, bien podría ser “ El miedo a no acertar”, porque se supone que los médicos, como personas, también tienen sus miedos, que pueden ser por acción o por omisión. En principio, el miedo no es punible, salvo el “castigo” psicológico que uno mismo pueda imponerse, pero sí pueden serlo las consecuencias de ese miedo, las acciones u omisiones temerosas. No sé si habrá muchos médicos que reconozcan el miedo en algún momento, supongo que es algo que si se reconoce, es en la mayor intimidad posible, porque exteriormente causaría mucha inseguridad para el gremio y, por supuesto, en los pacientes.

    Hoy día parece que lo que más miedo dan, son las consecuencias jurídicas de sus actuaciones u omisiones. En realidad, si el médico hace algo, será siempre por el bien del paciente y siempre estará respaldado. ¿Quién mejor que el médico que lleva el seguimiento de la enfermedad va a saber que es lo mejor para el paciente?. Otros pueden dar su punto de vista, pero también sabiendo que pueden equivocarse. La cuestión cambia cuando el médico tiene la posibilidad de hacer algo para mejorar la situación del paciente o para descartar males mayores y no lo hace, porque en estos casos se deja al paciente en una situación de desamparo. Por otro lado, seguramente los médicos tendrán bastantes medios de amparo jurídico, no sé si sirve para algo, pero cada vez que tiene que hacer algo complicado con un paciente, siempre se le pide una autorización. No sé si hay muchos médicos con condenas de indemnización o cárcel. También puede darse el caso en el que el paciente con humildad y resignación acepte los malos resultados (“el médico hizo lo que pudo”) y no toma ninguna acción legal.

    También parece que otro de los miedos de un médico es que se vea afectada su reputación, que en realidad, no es algo que cure o deje de curar a los enfermos. La reputación se gana de muchas maneras, depende de cómo venga su reconocimiento, y se puede perder de un plumazo, y el médico sigue ejerciendo, con más o menos alegría, su profesión. Como ya se ha comentado, se puede tener la mejor de las reputaciones, y con un solo error en un caso con mucha resonancia, se pierde del todo. Además, suele pasar que el médico con buena reputación no está al alcance de todos. Así visto, la reputación le vale solo al médico pero no a los pacientes.

    Otro posible miedo de un médico, y que parece el más lícito o justificable, es la posible incertidumbre que con su actuación u omisión puede crearse sobre la salud de los pacientes, pero creo que esto es asumible o admisible tanto por los médicos como por los pacientes. Todos quieren que las cosas salgan bien y que el paciente se cure, pero por determinadas circunstancias, haya errores o no, no se consigue el resultado deseado. Si el paciente siente que el médico pone todo lo que está en su mano, el médico no tendría que tener miedo, lo que cuenta es el bienestar de los pacientes

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    1. Muchas, muchas gracias por su comentario. A medida que lo leía me sentía identificado con su contenido. Y es cierto, la obligación de acertar que yo apuntaba se besa de morros con el miedo a no hacerlo. Miedo sobre todo por la responsabilidad jurídica. Sí, parece mezquino que sea así, que sea este temor el principal y no otro. Pero ¿qué consuelo le queda al médico condenado a no ejercer por una actuación que su conciencia le dice que obró bien?
      Gente muy cercana a mí me reprocha que me involucre tanto en el bienestar de los pacientes "para lo que te lo van a agradecer...". Personalmente no me mueve el agradecimiento. No viene mal, de acuerdo, pero para mí anda en el sexto o séptimo lugar de mis motivaciones. Más me gustaría que a mis pacientes les quedase certeza de eso mismo que usted apunta: que haya acertado o no, hice todo lo que pude. La pena surge porque a veces, haciendo todo lo que uno puede, e incluso haciéndolo bien...se mete la pata.

      En un comentario anterior estuve a punto de contarlo y no lo hice. Ahora ilustro con el caso.
      Por desgracia, cada vez más gente está sola. No tiene ni quien le acompañe al médico. Cada vez con más frecuencia, al hacer endoscopias con sedación, vemos pacientes que acuden solos, sin nadie que les pueda acompañar. Y te encuentras ante el dilema de hacer o no hacer la prueba a un paciente que acude sólo habiéndose preparado el intestino con solución evacuante. Tras esa preparación, ese esfuerzo por parte del paciente, preguntas ¿y su acompañante? Y el gélido y evangélico hominem non habeo (¡no tengo a nadie!) ¿Le haces o no la prueba?
      En España la legislación es clara: sin acompañante, puedes buscarte un problema. Pero puede más ese "hombre, no le vas a hacer esa putada de dejarle de hacer la prueba...". Y se la haces, y todo va genial, sin complicaciones ni hallazgos patológicos, se despierta, le das el informe y le explicas que todo ha ido bien, te da la mano y las gracias, se va sonriente y agradecido...porque en el hall le espera un abogado para ponerte un pleito ¡por haber osado hacer una prueba con anestesia a una persona que venía sola!
      Santo Tomás, una y nada más. Luego serán las críticas " qué crueles y desalmados estos médicos, el pobre abuelito se toma su preparación y porque encima tiene la desgracia de estar sólo, ¡no le quieren hacer la prueba!"
      Dilemas de estos...a cientos. No sé ni cómo nos queda tiempo para pensar en medicina ante la maraña retorcida de pensamientos intrigantes y las leyes capciosas...

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  26. Siempre se asocia el miedo, con independencia de la causa que lo provoque, con algo negativo, y como muestra de debilidad y, más que eso, se tendría que ver como algo positivo. Hay que considerarlo como un una alerta en nuestro cerebro avisándonos de que algo puede suceder de diferente manera a como esperamos y así prevenirnos para tener en cuenta otras opciones a la hora de tomar decisiones. Si nunca tuviéramos miedo y actuáramos siempre con ideas fijas, las cosas podían ser peor, podrían llevar a mas fallos o fracasos al tomar una decisión, porque esas ideas fijas pueden ser erróneas y, además, se podría decir que actuaríamos por pura rutina, y esto no resulta muy aconsejable, ya que se crea una falsa seguridad. El miedo hace que tengamos en cuenta siempre varias opciones, otra cuestión es que al final se tome una opción y que resulte la menos buena. Se podría decir que el miedo es necesario, pero siempre y cuando se domine la situación y no se convierta en un elemento que descontrole o bloquee nuestra capacidad de decisión. ¿Se podría decir que el miedo es algo, incluso sano, que mantiene a nuestro cerebro activo de alguna manera?. Incluso sería bueno que se pudiera “confesar”, por decirlo de alguna manera, ya que sería una vía de evasión del propio miedo, además el reconocerlo honra más a la persona porque aunque en un principio pueda reflejar que no se domina una situación, lo asume ante otros, y en verdad lo que se está haciendo es preocuparse más por la cosas.

    En cuanto al agradecimiento, a veces lo mucho es poco porque se convierte en pomposo y no hay verdadero sentimiento. Muchas veces un simple y sentido silencio vale más que mil palabras. Un silencio, no de querer callar, sino un silencio emotivo que no te deja hablar, a veces, es más expresivo y reconfortante para el que lo recibe que cualquier otro agradecimiento más elocuente. También un simple gesto en el momento adecuado, un gesto de complicidad, es muy indicativo, por ejemplo en el caso entre médico y paciente, de que el paciente está totalmente agradecido por todo lo que el médico está haciendo, aunque las cosas no salgan del todo bien. Qué mayor agradecimiento puede recibir un médico cuando un paciente después de mucho tiempo ingresado en un hospital enganchado a una máquina y casi sin poder levantarse de la cama, al final, cuando el médico le anuncia el alta, el paciente pudiéndose mover por sí mismo, y aunque con muchas molestias, notando la gran mejoría, se despide del médico con una media sonrisa y a la vez con alguna lagrimilla de emoción, mostrando así su sentido agradecimiento por el trabajo del médico.

    En relación a la medicina legal, es verdad que la realidad siempre va un paso por delante de la legislación. Las leyes son para todos, pero puede que no estén bien redactadas y pueden dar lugar a muchas interpretaciones, legítimamente o no tanto, sostenibles ante los tribunales. Siempre hay que buscar los medios para hacer valer la interpretación que uno sostiene, aunque a veces esto resulta muy difícil y en el caso de los médicos, se produce lo que se ha comentado, que el médico tenga que estar más pendiente de cuestiones que no tienen que ver con la salud de las personas. Se supone que en el campo de la medicina, en algún momento de la elaboración de las leyes han intervenido personas del sector y al final la ley ampare tanto a los médicos como a los pacientes, pero claro, si el médico por obrar en favor del paciente, se sale del sentido de la ley, queda desprotegido legal y psicológicamente, lo cual no parece nada justo, se tendría que ver la situación en concreto y, en un momento dado, reformar las leyes y adaptarlas a las nuevas necesidades sociales, como en el caso que se menciona, si en la sociedad actual cada vez hay más gente mayor y joven que viven solos y no pueden ir al médico acompañados, quizás haya que adaptar las leyes a estas nuevas situaciones sociales para que no se vean perjudicados los médicos, ni por supuesto, los pacientes.

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  27. Agradezco sinceramente sus comentarios extensos que enriquecen este foro. Pemítame, no obstante, que le dedique tres "pedradas" a sus párrafos cargados de sentimientos nobles.
    En primer lugar, no sé si la apología del miedo será compartida por muchos lectores. Quizás les parezca interesante desde la emoción de montar en una montaña rusa, pero en la rutina de un trabajo la gente considera que emociones las justas. Y mejor si hay un protocolo que seguir, nada de improvisación. Quizá es simplista contraponer el espíritu del autónomo al deldel funcionario, pero en este país los riesgos... Como que no.
    En segundo lugar, respecto al agradecimiento, es elocuente leer la opinión de un genio de las letras como fue Miguel Delibes en agradecimiento a los médicos que le "salvaron" de su cáncer de colon.
    Y en tercer lugar, dudo que las leyes estén por girar en pro del sentido común, pues caa vez se entevesan con más absurdos. Y así las cosas, el final del párrafo suyo lo redactaría al revés: "para que no se vean perjudicados lo pacientes, ni por supuesto, los médicos". El mundo de cabeza.

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  28. Si parece mezquino que un médico tenga que preocuparse por las consecuencias jurídicas de su actuación, que su temor principal sea la responsabilidad jurídica que le puedan exigir y no la salud de los pacientes, también, del mismo modo, parece mezquino que los pacientes acudan al médico, por decirlo de alguna manera, en vez de con un volante médico, con una ley. Supongo que estos casos no serán muy numerosos. A estos pacientes, no sé si por ellos mismos o mal aconsejados, quizás se le acumulen las “consultas”. Una, la del médico que de verdad tiene examinarlo y tratarlo, otra posible del especialista en temas de conducta y otra más que sería la consulta de su abogado. No sé, parece demasiado enrevesado. Una cosa es exigir responsabilidad a un médico que actúa dolosamente, con las pruebas suficientes, como puede pasarle a cualquier profesional en el ejercicio de su profesión y otra muy diferente es ir “buscando las cosquillas” al médico. Actuando así se está entorpeciendo el trabajo esencial de los médicos en general, que tendría que consistir en tener todos sus sentidos puestos en la salud de los enfermos. Al final, por unos pocos, se ven perjudicados todos los pacientes en general, ya que lo que se consigue es deformar un sistema adecuado de atención a los enfermos.

    Supongo que, en los lugares menos desarrollados, donde la escasez de medios y de médicos y el alto número de enfermos, donde la intervención del médico, casi a primera vista, es primordial, las prioridades y preocupaciones de unos y otros serán diferentes. No sé por qué la actitud es diferente de un lugar a otro cuando se trata de igual relación, la de un médico y su paciente y cuando el fin último es el mismo, curar a los enfermos.

    Hay cosas difíciles de entender, si la profesión de médico no está lo suficientemente bien pagada y si cada vez son más las trabas legales que entorpecen su actividad, ¿en que se basa o a que se aferra un médico para seguir ejerciendo como tal?. Solo me queda pensar que los médicos que se mantienen al pie de la batalla de curar enfermos son los que lo ejercen más por vocación y después están los otros médicos (sin menospreciar a nadie), que ocupan otros puestos, unos sirven de paso para los que realmente tratan a los enfermos, otros se dedican a aspectos organizativos, comerciales, legales, que solo ven a los pacientes en un simple papel. Al final, todos forman parte de un mismo sistema de salud, pero cada uno tendría que estar en su sitio. La finalidad primordial es curar a los pacientes y para eso tiene que haber médicos que sientan que esa es su función, y los que no lo sientan así se deberían dedicar a esos otros aspectos del sistema, porque si no el sistema no funciona bien. Habrá que asumir que ningún sistema organizado por el hombre es perfecto y hay que convivir con ello. Menos mal que siempre hay alguno que intenta minimizar esas imperfecciones.

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  29. Me gusta su discurso que fluye desde las fuentes prístinas de lo que debiera ser y contrasta con lo que realmente es. Me gusta su discurso porque es el caldo propicio en el que se pede cebar la crítica del abogado del diablo, papel que asumo con verdadera perfidia entre otras cosas porque me lo pone a huevo. Y no crea, pese a que mi réplica le parezca mordaz, que no comparto su punto de vista. Pero lo miro con la nostalgia de quien un día disfrutó mojándose bajo la lluvia y hoy no sale cuando caen cuatro gotas si no es con paraguas.
    La ley no está para florituras ni excepciones, salvo que uno sea banquero o político. Te juzgan por el caso que la cagaste, y no sirven de atenuante los mil aciertos anteriores. Cuando usted quita ese miedo que bien tilda de mezquino, cuando el profesional cumple con el deber de curar al paciente a su hora y a deshoras, cuando la retribución no es el elemento esencial en la relación médico-paciente, cuando usted va quitando todo eso...nos vamos acercando a lo que muchos entienden por vocación. Pero verá usted, vocación, lo que se dice vocación,...cada vez queda menos. La poca con la que se sale de la carrera se deshoja tras dos talonarios de recetas. Y si aún queda un atisbo de ella, el ramalazo de algún colega resabiado o escarmentado te recuerda que no se atan galgos con longaniza.
    Es cierto que hay recuperar la relación médico-paciente en la confianza pero las leyes están por detrás para garantizar un contrato. Es, análogamente, lo que ha sucedido con la relación paterno-filial, que de estar basada en la piedad ha devenido en ser un conjunto de leyes que pretenden salvaguardar los derechos de los niños (teóricamente más débiles) de manera que los padres no podemos dar un bofetón al hijo descarado pero los hijos pueden emplear la katana contra los padres. Una relación natural y espontánea que ha degenerado hasta el punto de precisar de la elaboración de leyes incompletas y absurdas que resultan inoperantes para abordar la realidad del problema. En un contexto tan viciado ¿qué resquicio queda para el buen hacer confiado?
    Uno de los errores conceptuales que han contribuido a este dislate es haber pregonado el derecho a la salud como una de las máximas del Estado del bienestar, craso error propagado por todos los dirigentes y formaciones políticas. No hay manera racional de garantizar un derecho a la salud, porque la salud no depende ni del paciente, ni del médico ni del Estado. Eso bien lo sabe el que ha estado muy enfermo. El Estado podrá "garantizar" que haya medios humanos y técnicos para velar por la salud. Y el médico podrá hacer lo que pueda o sepa para cuidar la salud de los pacientes. Pero que, pese a lo anterior, se logre o no el objetivo de que el paciente recupere su salud no es algo que se pueda garantizar ni defender como un derecho pues escapa a nuestro control. Algo sabemos, algo podemos, pero cuando veo un paciente que engreído esgrime su derecho a la salud pienso "otro al que le han lavado el cerebro. A África subsahariana le enviaba yo a reclamar". A los médicos no se les debe exigir resultados sino haber puesto los medios ad hoc para lograr la recuperación del paciente. Pero que eso se haya conseguido o no, está fuera de las posibilidades de ningún médico.
    La retribución médica en España es una verdadera miseria para el alto nivel de esfuerzo y exigencia que conlleva elegir esta profesión. No es lo que nos mueve a la gran mayoría (mire un comentario de una entrada anterior con la anécdota de la monjita "for a million of dolar me either". En USA los médicos ganan mucho más, sin duda, pero da que pensar que alrededor de 1/3 de sus emolumentos se van para pagar seguros de responsabilidad civil.
    Nadar y guardar la ropa. Queda, pese a todo, un margen amplio para poder hacer las cosas buen, con dignidad, con verdadero espíritu de sacrificio por el bien del paciente...aunque te salga el tiro por la culata cuando encima tropiezas con la burocracia.

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  30. Dice tantas cosas el “abogado del diablo”, que más que el miedo del médico a no acertar, va a ser mayor el miedo que me pueda entrar como posible paciente a la hora de tener que acudir al médico, ya que me da la sensación de que en vez de un médico, me voy a encontrar al mismo “demonio”.

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  31. Cuanto más importante es lo que tenemos entre manos, más interés ponemos en asegurar los mejores medios para que todo salga bien. Mi empeño en este blog no es generar recelo sino incentivar la crítica para que sepamos, en la medida de nuestras capacidades, de quién nos hemos fiado. Con la salud no se juega.

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  32. /// Dice tantas cosas el “abogado del diablo”, que más que el miedo del médico a no acertar, va a ser mayor el miedo que me pueda entrar como posible paciente a la hora de tener que acudir al médico, ya que me da la sensación de que en vez de un médico, me voy a encontrar al mismo “demonio”. ///

    Para todos los que lean esto y no dé lugar a interpretarlo de otra manera, el primer párrafo contenido entre ///……///, se trata de una copia íntegra de otro comentario anterior, y lo uno a este para que no haya dudas que es de la misma persona que escribe estas líneas. La finalidad de ese comentario no es reflejar u originar un posicionamiento determinado y generalizarlo en cuanto a la profesión de médico. Lo que pretendía era algo acorde con el fin de este blog (que es lo que me mueve a seguirlo) y a lo que se refiere en la contestación al comentario, era suscitar diversidad de opiniones, dejar una puerta abierta a más puntos de vista en relación a esta entrada del blog, partiendo siempre de que todas son respetables y que todas aportan algo, sin necesidad de crear conflictos que no llevan a ninguna parte. La variedad de opiniónes, sean a favor o en contra, pero siempre desde un punto de vista constructivo y con el debido respeto, es lo esencial de un buen foro.

    Por otro lado, para nada considero que sea una temeridad acudir al médico, como parece que se refleje del primer párrafo, es una necesidad para mantener una salud adecuada. Sin embargo, hay que reconocer que algo de respeto sí que da, por el hecho de la propia incertidumbre del mal que tenga el paciente y de lo que pueda descubrir el médico, y también, un poco, por el hecho de tener que ponerse delante de una persona desconocida, sin conocer su carácter, contarle tu vida y confiar en él. En cuanto a la actitud de los médicos, en general, sin entrar en que haya médicos con diferente forma de ejercer la profesión, siempre es digna de admirar, porque no solo tienen que cuidar de la salud de los pacientes en su aspecto físico, sino también en el psicológico, afrontar como puede evitar el sufrimiento del paciente provocado no solo por el dolor físico si no por las consecuencias psicológicas derivadas de la situación de estar enfermo, y sin ser especialista en estos temas y además, muchas veces, después de enganchar jornadas interminables de trabajo de guardias y turno, aun así , con las ganas que le queden, tiene que tratar de animar al paciente y vigilar su enfermedad. Supongo que si la cuestión psicológica fuera grave intervendría un especialista adecuado, pero en la mayoría de los casos, por falta de medios o por decisiones burocráticas, lo tiene que afrontar el mismo médico. La verdad es que parece todo bastante complicado. Quizás sea esta una de las verdades, si se puede admitir como tal, de las que se plantean con el título de este blog.

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    1. Imagino que la "tensión" del médico por la " obligación de acertar" se relajaría de forma proporcional a la reflexión que el paciente hacer por darse cuenta de cuán difícil es. Los médicos solemos atender con más agrado a los pacientes que saben que esto no son matemáticas...

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  33. Al hablar de la “OBLIGACIÓN” de acertar como se recoge en el título de esta entrada, suponemos que hay que entender la palabra obligación como un deber, que es lo que se desprende de todo el texto, ya que, en sentido estricto, obligación y deber son conceptos diferentes y pueden dar lugar a confusión.

    La obligación es un todo que engloba un elemento subjetivo, dos sujetos, que junto con el objeto de la obligación, se forma un sistema debidamente organizado para la consecución de un fin. Se establece una relación jurídica de la que surgen unos intereses que lleva a las partes a obligarse y que se consideran dignos de protección jurídica. Esta relación jurídica puede surgir de la voluntad de las partes o de una norma. La obligación es una imposición, legal o no, determinada desde afuera, externa, que no es pedida por ti ni por tu voluntad. Hay que cumplir con las obligaciones, porque éstas sí están planteadas de manera explícita y no se pueden pasar por alto si se vive y pertenece a una sociedad. Las obligaciones no están sujetas solamente a los deseos y conciencias de los individuos, tampoco a su moralidad, sino que deben cumplirse siempre, están más relacionadas con el ámbito legal.

    El deber es la necesidad de adoptar, realizar o cumplir un determinado comportamiento conforme lo establezca una norma particular, ya sea emanada de la voluntad de los particulares o de un ordenamiento jurídico. Los deberes son tareas que se pueden realizar o no en favor de otras personas o de nosotros mismos. Son respuestas morales a determinadas cosas que uno siente la necesidad de hacer o cumplir, incluso aunque no haya un código o una ley explícita que nos obligue a obedecer.

    Bueno, tanto los deberes y obligaciones son algunos de los muchos ingredientes que hacen que uno sea humano y por lo tanto los médicos tendrán de los dos. Pero, en principio, como la relación médico-paciente no se basa en una relación jurídica, se supone que cobra más importancia la cuestión del deber. Aunque pueda haber una opinión más o menos común de lo que “debe o no debe” hacer un médico, al final, es un acto de voluntad del médico.

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    1. Es probable que tenga razón en la distinción de los conceptos obligación y deber, yo soy bastante zote para los asuntos jurídicos. Pero creo que en conjunto la profesión médica siente cada vez más esa deber médico (deontológico) como una obligación (legal). Y esto condiciona el titubeo, el miedo, la cicatería, la mezquindad,... y probablemente todo ello al deterioro de la calidad asistencial.

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  34. Considero que la responsabilidad del médico está en aplicar los medios necesarios, en la realización de una buena y correcta praxis médica. Esto no quiere decir que esté obligado a garantizar un resultado. Hay una amplia doctrina jurídica en relación al error médico, y esto ocurre también en los sistemas sanitarios más avanzados. Sin embargo me consta que el buen profesional médico está al lado del enfermo para darle la mejor calidad asistencial. Dr De Benito quiero felicitarle por su impecable praxis médica, le abalan muchos años de una larga experiencia profesional siendo además una persona accesible para todo el mundo que lo necesita. Esa virtud también es suya

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    1. Está en lo cierto cuando dice que la justicia sólo reclama por la obligación de poner los medios adecuados y que exime de garantizar los resultados. Pero le cuento que una de las peores clases de la licenciatura de medicina fue de un jefe de servicio de los Cuidados Intensivos de un Hospital que... En esa pequeña ciudad aún resonaban los ecos sociales de un chaval que falleció de una peritonitis por retraso en la realización de una apendicectomía. No voy a contar los pormenores del proceso pero era doloroso ver que durante la clase el profesor repitió al menos once veces (luego ya me fui de la clase) la expresión "bueno, esto es lo mínimo que deben ustedes hacer para que no les lleven a la cárcel". Para mí fue una clase decepcionante, nauseabunda. Podía entender que la actitud del médico era poder mostrar ante el juez en caso de una eventual demanda que las cosas se hicieron "conforme a derecho" "ajustadas a protocolo", pero lo que no podía entender es que pese a ello, pese a que la justicia no encontrara resquicio para meter mano a los médicos, no hubiese siquiera un sentimiento de que algo se hizo mal, que se debían haber hecho las cosas de otro modo para evitar el infausto desenlace, aunque eso contraviniese los protocolos. (Es evidente que si el infausto desenlace acontece fuera de los protocolos, entonces sí que estás perdido...¡pero lo puedes estar incluso aunque le salves la vida).
      Pero igual sucede en el mundo del derecho: muchos entendidos se felicitan porque una sentencia es ejemplar y se ajusta con pulcritud a derecho...y un neófito desde fuera ve que lo que se ha logrado allí es lo más diametralmente opuesto a lo que uno entiende por justicia. Es la apariencia lo que importa, que se "ajuste a derecho", por más que el derecho esté torcido.

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  35. Una de las noticias del día que tiene que ver con la ética y la denegación de auxilio por parte de los médicos. En la comunidad de Madrid, en cualquier centro sanitario de la comunidad se puede atender a cualquier persona, “aunque no tenga papeles”. Partiendo la noticia de un político, no deja de causar ciertas sospechas. Por un lado, puede que entre dentro de una precampaña electoral y por otro lado, habría que leer la letra pequeña y ver lo que se puede esconder dentro de esta medida, que puede verse como un medio de control de las personas basado en una situación de desamparo de las mismas, podría entenderse como un sistema policial encubierto, más bien propio de otros regímenes sociales. La medida resulta beneficiosa si el sistema es transparente y si su fin es solidario y humanitario. Lo que hasta hace poco se consideraba como una actitud apelando a la ética de los médicos y amparándose en la no comisión del delito de denegación de auxilio, algunos médicos prestaban servicios a estas personas incluso incumpliendo normas, ahora, de repente, se quitan todas las trabas. Más bien parece una medida producto de una decisión política, que una medida surgida de un sistema de valores éticos, que desde siempre han estado presentes en el ejercicio de la medicina y que los políticos han ido minando. Tampoco se entiende bien que esta medida se establezca en una comunidad autónoma solamente, cuando estos problemas, incluso, sean más acuciantes en otros territorios, ¿por qué no directamente a nivel nacional?.

    En cuanto a la ética médica, supongo que no siempre ha tenido el mismo concepto y que habrá ido evolucionando con el tiempo, los avances tecnológicos en la medicina seguro que hacen temblar muchos de esos principios éticos. También será diferente según se trate de una sociedad u otra, y aunque haya un consenso general y unos principios éticos reconocidos internacionalmente, no es algo que se pueda imponer a los médicos, dependerá de cada uno, de cada situación con la que se enfrenta, incluso de sus creencias religiosas, y también, como no, y más actualmente, de las responsabilidades que el médico pueda tener, ya sea, ante los propios pacientes, terceros, como los hospitales, organizaciones de salud, las autoridades médicas reguladoras, los propios tribunales. Resulta curioso que, teniendo la palabra ética una connotación positiva, reconocida por todos, en la mayoría de los casos que se habla de ética, se refiera a ella en términos negativos, de falta de ética. Si a un médico se le exige responsabilidad por un error en una actuación por no seguir unos cánones de ética profesional, del mismo modo el actuar éticamente debería eximir de ciertas responsabilidades. En general, casi siempre se analiza la actuación del médico desde el punto de vista negativo de su falta de ética, cuando en el ejercicio de la profesión, tratándose de la vida de las personas, casi es imposible actuar sin ética.

    En la realidad, cuando un médico comienza a ejercer, se supone que se identifica con los principios del “JURAMENTO HIPOCRÁTICO”, o ese juramento no significa nada y es un puro formalismo, un acto simbólico de puro trámite. No sé si hoy día existe ese trámite, pero creo que no haya ni un médico que no lo haya leído, otra cuestión es que pueda desarrollarlo fielmente a lo largo de su vida profesional.




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    1. Desde mi punto de vista, la medida que ahora adopta la Comunidad de Madrid respecto a la atención sanitaria a los habitantes en territorio español aunque no tengan papeles llega por cuestiones meramente electoralistas. No ha sido la primera Comunidad en hacerlo sino que se ha sumado a esa corriente "humanitaria" que quiere mostrar a la población el sentimiento de solidaridad a regañadientes. Que la medida se adopte por Comunidades (unas sí y otras no) se basa en las dichosas transferencias: es algo que decide cada Comunidad, más allá de los designios del Estado (que bien se ha pronunciado en contra de esta medida por más que ahora, ante la imposibilidad de hacer nada porque no tiene mando sobre ello, se ha "sumado" a esa iniciativa, claro que sí, no van a dejar de preocuparse por todos).
      Cuando la medida de restringir estos derechos sanitarios se adoptó, escribí una entrada en este blog http://elmedicotraslaverdad.blogspot.com.es/2012/09/mas-alla-de-la-etica.html y el único comentario fue de mi hermana. Intentaba sensibilizar a la opinión pública pero creo que mi parecer tuvo poco efecto. Voy a seguir intentándolo. Si acaso, para que se vea que la medida de abrir más o menos los derechos sanitarios tiene una lectura múltiple.
      En diferentes ocasiones hemos traído casos a este blog que aludían al gasto sanitario. Pongamos por ejemplo la situación de la hepatitis C, también de rabiosa actualidad sobre todo a primeros de año http://elmedicotraslaverdad.blogspot.com.es/2015/01/virus-de-hepatitis-c-algo-mas-que-un.html. Ahora la concesión de este medicamento se raciona seleccionando los casos porque...no hay para todos. Pongamos números de ejemplos. Supongamos que hay 50.000 tributarios al tratamiento y el Estado da 20.000. Hay pugna por conseguirlo. Admitimos en estos movimientos migratorios descontrolados 40.000 subsaharianos y 30.000 emigrantes que llegan del Este y entre los 70.000 hay 10.000 subsidiarios al tratamiento con lo cual si antes lo recibían 2 de cada 5 ahora lo recibirán 2 de cada 6. No parece mucho pero si uno de los que lo necesitan es tu hijo, empezarás a alimentar sentimientos xenófobos. ¿Por qué va a recibir tratamiento que tu hijo necesita un simpapeles que no no cotiza a la Seguridad Social? ¿Estás tú acaso trabajando para que te descuenten de tu sueldo para que le den tratamiento a un arribista mientras se lo niegan a tu hijo? No sé cómo articularía esto Hipócrates de Cos...

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  36. Aunque no llevo mucho tiempo siguiendo este blog, he ido leyendo algunas entradas pasadas y entre ellas la que mencionas del 2012, “más allá de la ética, tirar con pólvora ajena” y como el tema está relacionado con esta, al final he hecho el comentario aquí teniendo en cuenta las dos entradas.

    Por un lado, es verdad que a veces el que una competencia pública esté repartida entre varios entes públicos, en cuanto al tema de las transferencias de esa competencia, puede convertirse en un inconveniente a la hora de satisfacer las necesidades de los ciudadanos, ya que puede ser el origen de desigualdades, ya que las comunidades no disponen de los mismos medios para la prestación de los servicios públicos, pero por otro lado, las distintas administraciones están obligadas a colaborar unas con otras para una mayor eficiencia y eficacia en la prestación de los servicios públicos. Hay mecanismos de colaboración de sobra para actuar de una forma global y coordinada, bien a través del ordenamiento jurídico o a través de convenios.

    En cuanto al tema de la atención sanitaria a “emigrantes sin papeles”, que ya hace años que está en la palestra, las distintas administraciones tenían que haberse puesto de acuerdo para tratar la cuestión de una forma coherente en todo el territorio nacional, para todos por igual. También es comprensible que el sistema sanitario de un país se vea superado por la amplia demanda de sus servicios que supone la entrada masiva de población de otros países, pero hay que pensar que la gente no deja su país por gusto y están huyendo de la miseria y de la muerte. No se trata de un viaje en busca de asistencia sanitaria, solo buscan alguna forma de sobrevivir y, si además están enfermos, ¿Cómo se le va a negar la asistencia sanitaria solo porque le faltan papeles?, y es que además conseguir los papeles no es tarea fácil que se diga. Por otro lado, creo que no se trata a todos los emigrantes por igual, hay cierto grupo de emigrantes a los que se les favorece, aun sabiendo que están haciendo un uso abusivo de la sanidad pública, aquellos que vienen a nuestro país con dinero, se empadronan justificando su estancia en nuestro país de manera muy sospechosa y así se aprovechan de la gratuidad de ciertos servicios como intervenciones quirúrgicas. Habría que hacer el reparto de los medios de que dispone un sistema de salud de otra forma para que llegue al mayor número de personas y sobre todo a los más necesitados.

    Seguramente un país no pueda dar cobertura a toda esta gran demanda del sistema de salud, necesita unos ingresos a través de cotizaciones de los beneficiarios. Si solo fuera eso, todo emigrante estaría cotizando, pero esto solo puede darse cumpliendo ciertos requisitos exigidos por la Administración y que no están al alcance de ellos, requisitos que se asemejan a los de una empresa privada y como bien dice su hermana en el único comentario que había en la entrada del 2012 antes señalada, “el Estado no es una empresa”. También es cierto que la situación es tan grave, que un Estado por sí solo no puede hacer frente a este problema, ya que las posibles decisiones a tomar se hacen imposibles de aplicar materialmente. La cuestión sería encontrar soluciones al problema de las emigraciones masivas forzosas, y haberlas sí que las hay, pero nos saldríamos un poco del tema de esta entrada y además daría mucho que hablar y será mejor dejarlo para otro momento.

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    1. Cuando uno profundiza en este tema, llega a una conclusión inequívoca: el problema es más complejo de lo que uno cree y su análisis escapa de nuestras manos. Porque enseguida empieza a ver ramificaciones y aspectos que admiten numerosos matices y todas las posturas tienen su parte de lógica y su razón para reivindicar que se haga justicia. Es entonces, cuando llegamos al punto en que vemos que existe un enfrentamiento directo entre derechos cuando nos preguntamos ¿cuál debe prevalecer? ¿Qué derecho debe primar sobre otro? Y entonces topamos con una disciplina que es la axiología, la teoría de los valores, lo que determina cuál debe ser el eje (axis) alrededor del cual debe girar nuestra vida. Y esta disciplina interpela y fustiga constantemente al Derecho en su base, en su fundamento, de manera que los filósofos del derecho se ponen a cavilar hasta que sus cabezas echan humo porque, lo quieran o no, se topan con preguntas dicotómicas, de sí o no, que, dependiendo de cual sea la respuesta llevará a construir un sistema de leyes completamente diferente. Ahí está el núcleo de la diferencia. No se elabora un ordenamiento jurídico igual en un pueblo que considera la persona como el único ser superior a su especie que otro que no lo contemple así.
      Al fin y a la postre, una vez que el ordenamiento de los recursos sanitarios de un país se ha diversificado y dejado en manos de las Comunidades Autónomas es imposible que haya igualdad en la atención sanitaria. Ya lo decía hace poco: la esperanza de vida no depende del código genético que uno tenga sino del código postal. Se creó el Consejo Interterritorial para "limar diferencias" entre las diferentes prestaciones en las Comunidades Autónomas pero...nada de nada. Lo más hipócrita es que los políticos sigan hablando demagógicamente de igualdad cuando saben fehacientemente que no existe tal igualdad desde sus postulados. Y lo más ingenuo es que siga habiendo ciudadanos que se crean ese discurso.
      Entonces, si la igualdad no es posible ¿cómo integramos la diferencia para darle un trato justo, sin lesionar otros derechos? Mire, yo no soy político. Intento organizar mi casa pero mi profesión me lleva a meterme, no a husmear, en muchas otras casas. Y lloro de pena, y de alegría, cuando vuelvo a la mía. Los contrastes son los que nos enseñan a valorar lo que tenemos.
      Y el drama de la inmigración masiva y descontrolada interpela a muchos, comenzando por los que contribuyeron a hacer de su país un infierno obligándoles a emigrar en condiciones lamentables, por los señores de la guerra y quienes no pararon a esos señores de la guerra. El análisis, una vez más, se vuelve complejo y acaso hasta le salpique a usted cuando compra unas deportivas de marca elaboradas por un niño explotado en un país asiático.

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  37. hola dr. buenos dias eestado exñulsando heces negras como brea todo oscuro y bomite tambien igual. me puede ayudar por favor, k es lotendre o k es lo k debo hacer. muchas gracias

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    1. Pues con esos síntomas...acuda presto a urgencias para que le hagan una analítica de sangre e indaguen si tiene usted en curso una hemorragia digestiva alta.

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  38. Entiendo que un médico no es un científico, más bien es un "mecánico", sin menospreciar por ello la labor del mecánico sino muy al contrario, comprendiendo que los "retos" que son el acicate del científico, que una vez resuelto un problema necesita otro, si puede ser aún más complejo, no tienen por qué ser tan apasionantes para el médico, que no eligió la investigación sino la puesta en práctica de lo que otros investigan para no sé si salvar vidas pero sí hacerlas menos desagrdables, y eso es algo muy importante.
    Dicho esto, lo cierto es que tampoco creo que ni el médico ni el mecánico ni cualquier otro profesional deba autocomplacerse solucionando "averías" fáciles; creo que el buen médico sí debe de tener un poco de científico, y que ante un caso difícil, debería llegar a su casa, metrse en su biblioteca médica, en Internet, hablar con otros colegas, e indagar en ese caso difícil, no sólo por la salud del paciente, que para eso paga, sino porque, como digo, creo que todo buen profesional, tiene algo de investigador, algo de perfeccionista y de luchador; a todos nos satisface aprender más sobre nuestro trabajo y ser cada día mejores profesionales, encontrar explicaciones en las que no habíamos caído, aunque nuestra profesión no consista en llevar cada día un poco más allá los límites de nuestra disciplina profesional como sí hace un científico o un artista de los de verdad.

    En fin, me despido señalando que tras visitar un centro madrileño supuestamente especializado en problemas digestivos, dirigido por uno de esos médicos que ponen el nombre pero nunca atienden (fui en tres ocasiones y no me atendió el mismo médico dos veces, en ninguna de las tres el médico "jefe" con el que se suponía que yo había pedido cita), me acabaron diciendo que lo que tenía era una inflamación en una membrana o algo así, que recubre el "costillar" por la zona inferior (no recuerdo la terminología exacta, pero eso venía a querer decir) y que me tomase unos antiinflamatorios que me recetaron, cosa que no hice porque uno puede no ser médico, pero inteligencia suficiente tengo para entender las cosas si me las explican en castellano, y darme cuenta de que no tenían ni idea y en vez de admitirlo y recomendarme que visitara a otro profesional, se estaban quitando el "marrón" de encima, después de haberme cobrado tres consultas, eso sí.
    Poco después fui a la clínica Gran Vía, a su consulta, Dr. de Benito, y en 10 minutos, y ayudado por una sencilla ecografía que los otros ni consideraron hacerme, encontró usted la causa de mi dolencia: cardias incompetente. He seguido desde entonces sus indicaciones para controlar el reflujo gástrico y no he vuelto a tener molestias, ni siquiera en alguna que otra ocasión que me he permitido algún exceso y me he pegado alguna buena comilona.
    Así que no se "rinda" ante casos que otros médicos hayan fracasado en diagnosticar o tratar. Es usted bueno, y los profesionales como usted hacen mucha falta.

    Un cordial saludo.

    P.D: yo no sé si este formulario para escribir funciona: he enviado dos veces mi comentario pero aquí no sale nada, vuelve a aparece el formulario pero en blanco, como si simplemente se borrase lo que escribo...

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    1. Hay cosas que se ven o se intuyen...si tienes lucidez ese día o si caes en ello, aparte de la ciencia que uno tenga (o retenga) en su cabeza. Aparte de ello, tengo la suerte de poder disponer casi siempre en la consulta de un ecógrafo. Los pacientes que me ven saben que lo empleo con mucha frecuencia, por su inocuidad y por las ventajas diagnósticas que reporta. Y la mayor parte de las veces que lo hago, no "cobro" ese servicio, al que habría que añadir, aparte de la propia realización de la prueba, la inmediatez con la que se hace, sin dilación, sin pérdidas de tiempo, sin nuevas citas. Pero no siempre basta. Ver o intuir un desplazamiento del cardias, una hernia de hiato, en ocasiones requiere la confirmación endoscópica de esa sospecha radiológica. Quizás a alguno le dije que me parecía que había una hernia...y luego no se comprobó tal por endoscopia.
      En fin, como dicen, vivir es arriesgar. En medicina hay que hacer diagnósticos, proponer tratamientos... Si el temor a equivocarnos nos paraliza, lo mejor es cerrar el kiosco y quedarse en casa. Si es cierto que comentarios como el suyo alientan a seguir en la brecha -muchas gracias por ello- no lo es menos la decepción que se experimenta cuando no se atina (como en el caso que se comenta en esta entrada). No estamos aquí para colgarnos medallas sino para que nuestros pacientes vivan mejor, aunque sea sacándoles una sonrisa.

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  39. Escribo desde Argentina, no puedo darme autoridad de como funciona el sistema médico acá, pero puedo decir lo que uno padece como paciente, generalmente ante la visita a un médico (hablo por mí, claro) uno va haciendo un proemio de lo que va a decir, analiza todas sus consultas previamente, realiza mentalmente un árbol genealógico de dolencias y pesares, un trabajo filigranado que queda descuartizado ante la interrupción ¡¡AHORA, DIGAME AHORA QUE LE ESTÁ PASANDO, QUE LO TRAE ACÁ AHORA!!, (ni hablar si uno cae en la guardia de un hospital público) y es curioso y contradictorio, que para muchos médicos no exista el pasado del paciente, uno justamente llega al médico por algo que le viene pasando, no que se inaugura en la sala de espera, pero creo que así como existe la angustia, muchas veces exagerada, hipocondríaca,del paciente, también existe la falta de escucha y el facilísmo por parte del médico. En psicología, se suele decir, en un simplismo, que "el hipocondríaco no puede amar".. me pregunto que queda para el médico... Yo soy el ejemplo de lo que para un médico es un dolor de cabeza, por no decir algo más grosero. Hipocondríaco y con mil rollos, rinitis crónica, que para unos era asma, que otros dicen que es alergia, pese a que los test dicen que no.. para otros hiperreacción bronquial sin llegar a asma, tabique desviado, ambliópe (me recetaron anteojos que hacían que viera todo en falsa escuadra, hasta que dieron con el diagnóstico), amigdalas y úvula gigantes, que unos quieren que opere (porque tuve un flemón) urgente y otros, no.. que no por las defensas...gastritis, ERGE, reflujo, hernia de hiato, hernia inguinal, hernia de disco (dos), incipiente artrosis de cadera, (que artroscopia si, que no) rectificación de cervical con desecación discal, rosácea, diverticulos colónicos, obviamente hemorroides y seguramente me olvido de algo, JA! Encima soy un hipocondríaco de 41 años..No se cuanto de mi hipocondría se retroalimentó desde mi historial con médicos, unos minimizando, otros atemorizando, otros ignorando o no escuchando, y algunos, pocos pero dignos, acertando, o más bien, ocupandose por acertar. La cantidad de veces que me dijeron, esto no me compete, esto no es nada, bué si querés te mando el estudio..y el fastidio mutuo, uno que ya va esperando la pregunta fatal.. y trata de resumir encuadrandose dentro de la especialidad de turno, clinico, neumo, gastro etc.. y la cara del médico que se va atrofiando a medida que uno torpemente trata de hilvanar las cosas... ¿Usted es nervioso?? Si, claro, tanto como mi artrosis de cadera a los 40 años... en fin, donde termina uno, en el psicólogo, que se escandaliza porque a uno lo llenan de medicamentos y te dice que todo esta ACÁ, señalandose la sien,,pero le da a uno ansioliticos a demanda ...y es que después de todo, uno es el idiota que no se dio cuenta y somatiza. Queda el último recurso para terminar de hundirse, a flata de medicos bonachones que nos den información sana... INTERNET, y si, denle la navaja al mono. Porque el hipocondríaco suele ser MUY curioso y a veces, hasta llega a ser inteligente y a intentar relacionar lo que cree que el médico debería haber relacionado, y claro se termina en un rizoma que lo único que genera es más ansiedad, pensamientos catastróficos e insomnio.(bueno, además me lo detectaron en una polisomnografía, ¡que como corno uno va a dormir bien con cables hasta en el c..!).
    Le dejo un saludo doc, usted es uno de los que busca acertar y a los tipejos como yo, eso nos viene de mil maravillas y nos hace sentir, que en fin.. que no estamos TAN locos,, ya lo molestaré (con todo respeto) con alguna pregunta, más pronto que tarde, un abrazo y lo felicito.

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    1. Ay amigo! Si es que para atender a pacientes como usted hay que ser muy pacienteeeee. ¿Sabe lo que pasa? Que nos falta tiempo. Mire, si por atender a un paciente en España nos pagan seis euros y tienes que llevar el pan a casa...haces números y necesitas ver diez pacientes por hora, o sea a seis minutos cada uno. Cuando entra un paciente que empieza a decirte: "Bueno verás, todo empezó en el verano del 72..." ¿Pero no sois vosotros los argentinos los que decís eso de que cuando se encuentran dos tipos y uno pregunta al otro "¿qué tal estás?" el preguntado responde "Bien...¿o te lo cuento?"?

      Vamos a ver, de acuerdo que hay mucho medico pasota. Pero no es menos cierto que los pacientes no saben rentabilizar su tiempo. Por supuesto que usted puede tener divertículos, pero eso ¿qué adorna para que le cuente al médico su faringitis? Un hipocondríaco de 41 años claro que puede tener artrosis real y galopante, y hemorroides, y reflujo,... pero si se abruma al médico resumimos el diagnóstico: "totalgia". Y le mandamos a la Virgen de Lourdes a ver si le cambia la existencia.

      Muchos son los que navegan por internet y muchos son los que ahí naufragan. Porque el exceso de información es ruido. Hay, sí, muchas cosas que hacemos mal. Pero no somos dioses y las aspiraciones o expectativas de los pacientes a menudo nos desbordan.

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