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miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Preocupaciones? Las justas

Nos estamos volviendo locos. Tanta tecnología, tantos avances,... tanto consumismo, nos está robando el poco seso que nos queda. Hay tanta superficialidad en la vida que nos olvidamos de lo esencial. Ya es el colmo con eso que se ha dado en llamar ortorexia, que, en buena etimología, sería nada más que nutrirse adecuadamente, algo que todo el mundo procura desde siempre como mero instinto de supervivencia, sin preocuparse jamás de si eso tiene un nombre. Se llamaba "pues a vivir que son dos días" pero los listillos que viven de generar fobias y enfermedades le han buscado un término rotundo y biensonante que evoca lo que debe ser (orto) pero es creación de una necesidad llevado a la obsesión.

Protesto enérgicamente contra todas esas modas pseudocientíficas de generar necesidades. Crear preocupación en la gente con cuestiones nutricionales peregrinas tiene un trasfondo de malicia. Cuanto más tratamos de fomentar hábitos saludables, parece que lo que vamos logrando es un mayor número de hipocondríacos. Porque quienes tienen que hacer frente a esas modificaciones en sus hábitos poco saludables no nos hacen ni caso y persisten en sus excesos, mientras que aquellos que ya pecan de excesiva preocupación dan una vuelta de tuerca más a sus restricciones nutricionales.

Preocuparse en exceso por la salud no es nada recomendable. De ahí que la ortorexia no sea mejor que la anorexia. Ni que la bulimia. Son todo trastornos de la conducta alimentaria: trastornos. No son conductas sanas. Sano es comer de manera saludable sin preocuparse de lo que uno come. Sano es hacer las revisiones médicas que tocan sin hacer de eso un drama o un rito. Preocuparse excesivamente por la salud es perder calidad de vida. Mirar si la báscula nos pesa hoy 400 g más o menos que ayer, no es malo. Pero elaborar calenturientas teorías acerca de la razón de esa subida o bajada de peso puede ser un indicio de que andamos demasiado preocupados por la salud.

Si nos notamos ganglios en el cuello, a ver si va a ser un linfoma. Porque nos han hablado tanto de los "bultos del pecho" que igual es que tenemos un cáncer encima. Y como nos hablan de que el sistema inmunológico es vital para yugular precozmente los conatos de cáncer que a diario acontecen en nuestro organismo, pues a leer en revistas domésticas los cien mil remedios que refuerzan su estado inmunológico.

Y mientras nos preocupamos por vivir, la vida pasa. Abstenerse de lo imposible, decían los padres de la medicina. Hoy que soñamos más cerca que nunca con llegar a ser inmortales, los remedios proliferan a golpe de talonario.


Si echamos un vistazo a la historia y a lo largo de generaciones sobre toda la superficie del planeta...el ser humano se ha alimentado de todo lo que tenía a su alcance. Y el aparato digestivo se ha ido adaptando a eso que transitaba por él. Ahora, cada semana los medios de comunicación sacan en titulares que esto es lo que realmente es saludable (productos exóticos y a veces impronunciables y que aquello es un completo veneno. Y si no te gusta, aguarda un poco que a la semana siguiente lo cambiamos: ¡cuántas noticias de "dietas" acaban en timo!. Nos falta perspectiva para evaluar los cambios. Creemos que las cosas cambian de un día para otro y la evolución en términos biológicos va más lento, mucho más lento.

Pero como decía no hace mucho, tener a la gente preocupada por su salud se traducirá en que invierta en más tiempo, más dinero, para cuidarse: la crisis del siglo XXI abre las puertas a una nueva dimensión, una reconsideración (reconsideración porque...no será que no se ha hablado largo y tendido de ello a lo largo de historia) acerca de la felicidad. Pero eso, como diría Michael Ende, es otra historia que será contada en otra ocasión y que o haré a petición de Alberto. Pero como anticipo diré que se trata de buscar un equilibrio entre pretensiones y posibilidades.

domingo, 12 de marzo de 2017

La crisis existencial del siglo XXI

Vaya que me despacho a gusto con el título. Pero se debe al reciente bombardeo de pacientes que acuden a la consulta angustiados con mil procesos "orgánicos" que le repercute en las tripas e incrementan su hipocondria. Pacientes que después de contar innumerables síntomas, que no guardan apenas relación fisiopatológica unos con otros, te acaban cogiendo la mano y angustiados te preguntan "Pero ¿me voy a morir?" O los más optimistas lo dicen en plan positivo "Pero no me voy a morir ¿verdad?"

Pocas cosas hay en la vida tan ciertas como la muerte. Al segundo de nacer ya estamos envejeciendo y cada minuto que pasa somos más viejos. El tiempo presente tiene valor precisamente porque no volverá: si lo que podemos hacer hoy pudiésemos hacerlo igualmente mañana o pasado, lo de hoy no cobraría demasiado sentido. ¿Para qué quieres el tiempo si no es para disfrutarlo? Vivir angustiado no es vivir con calidad. El que se preocupa excesivamente por su salud para evitar la enfermedad...no se da cuenta de que vive precisamente en medio de ella, de su hipocondria. Llevo años analizando la personalidad de los pacientes con hipocondria buscando algún factor común, algo que esté presente en ellos de forma invariable. Cada uno es muy diferente pero en todos ellos está presente la cuestión existencial: a todos les preocupa morirse, lo cual parece evidente. Y digo que parece evidente porque nos preocupa a todos, incluso a los que no nos consideramos hipocondriacos. Lo que pasa es que al que padece este trastorno, es su preocupación excesiva, su intento por huir de la enfermedad, lo que se sitúa permanentemente dentro de ella.

Por más que se desarrollen técnicas exploratorias y de vigilancia de la salud, por más que las pruebas diagnósticas afinen su sensibilidad y especificidad, siempre habrá un margen para la incertidumbre, lo cual es el calvario del hipocondriaco: se haga lo que se haga, no encontrará las garantías al 100% de que está sano. Y si consigue esa seguridad...le durará poco porque el paso del tiempo, cada segundo que pasa, modifica sus condiciones fisiopatológicas y...lo mismo estaba "perfectamente" sano después de ese completísimo chequeo que a la semana que viene le surge una anemia. Desde mi punto de vista lo primero que tiene que aceptar una persona con excesiva preocupación por su salud es algo de perogrullo: que somos mortales. Y sobre esto no hay mucho más que decir. O acaso sí pero al final. Lo segundo es asumir que la ciencia médica y los médicos no lo saben todo respecto a la salud: hay investigaciones permanentes, hay aproximación a la verdad desde un punto de vista estadístico (es "verdad" lo que es más probable que sea verdad) que no dejan de estar amenazadas por intereses comerciales y económicos al fin y al cabo. Y, en tercer lugar asumiendo lo anterior, que se trata de llegar a un equilibrio entre lo que desearía y lo que se puede conseguir. Porque ya se ve que si hay una excesiva preocupación, un excesivo gasto (de tiempo y recursos) en buscar un mínimo incremento de seguridad de estar sano, la relación no compensa. Pero en este análisis nos acercamos al meollo de la cuestión: el hipocondríaco da por bien empleado cualquier esfuerzo porque suele tener hipertrofiada la vida como bien absoluto. No siempre es así pero muchas veces hay un excesivo apego a algo que inevitablemente se nos escapa como el agua entre las manos.

Estar demasiado pendiente de uno mismo nos lleva a sobresaltarnos cada vez que nuestro organismo emite una "señal" que se nos antoja diferente: ahora el corazón me late distinto, ahora noto que las tripas me hacen más ruido o voy de diarrea, ahora he visto esto o lo otro en las heces, ha cambiado mi modo de hacer la digestión, se me cae el pelo, ahora me noto un bulto o un lunar en la piel, ahora una arruga y me hago mayor... Asumir que el paso del tiempo va modificando nuestro organismo, que no somos igual con 18 que con 58 años o que procesamos los alimentos de manera diferente, es tener asumido lo que es evolucionar. La cuestión es ¿cuál de esos cambios que va sufriendo el organismo ya no es fisiológico sino patológico? ¿Qué signos me tienen que alarmar de que "no son normales" o pueden suponer un riesgo para la salud? Un riesgo, entiéndase, que la medicina pueda neutralizar. Si sale sangre por el recto pueden ser por una causa poco peligrosa como las hemorroides o por una potencialmente letal como es un cáncer de colon y lo que hay que hacer es mirar. Pero, por ejemplo, hacer pruebas para anticiparse a saber por pruebas genéticas si uno tiene riesgo de padecer alzheimer cuando no existen a día de hoy tratamiento preventivo ni curativo, si no podemos hacer nada eficaz por yugular ese marcador de riesgo, no le veo demasiado sentido.

Preocúpese, en su justa medida, por lo evitable y asuma lo inevitable. Con un talante estoico, con un espíritu sintoísta o de acercamiento a la naturaleza y al cosmos (a lo Schopenhauer), con un carácter existencialista o con resignación cristiana u otro sentimiento religioso. En un país como España de tradición cristina y costumbres religiosas, minada en el siglo XX por los sufridos existencialismos de Ortega y Gasset, de Unamuno, la transformación del pensamiento ha derivado en una epidemia de angustias y hay mucho debate para el ocaso de la vida. Unos creen que no podemos elegir destino. Otros que sí. Algunos se apuntan al caballo ganador de Blaise Pascal y otros se apuntan al nihilismo. ¡Qué mal lo han hecho los vendedores de eternidad! A veces las consultas médicas dan para hablar de ello con alguno de los pacientes pero evidentemente, no son cuestiones para tratarlas por intenet.